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quieroleer Harry Potter y el prisionero de Azkaban J. K. Rowling
-Hemos llegado, señora Marsh -dijo Stan con alegría, al mismo tiempo que Ernie pisaba
a fondo el freno, haciendo que las camas se deslizaran medio metro hacia delante. La señora
Marsh se tapó la boca con un pañuelo y se bajó del autobús tambaleándose. Stan le arrojó el
equipaje y cerró las portezuelas con fuerza. Hubo otro estruendo y volvieron a encontrarse
viajando a la velocidad del rayo, por un camino rural, entre árboles que se apartaban.
Harry no habría podido dormir aunque viajara en un autobús que no hiciera aquellos
ruidos ni fuera a tal velocidad. Se le revolvía el estómago al pensar en lo que podía ocurrirle,
y en si los Dursley habrían conseguido bajar del techo a tía Marge.
Stan había abierto un ejemplar de El Profeta y lo leía con la lengua entre los dientes. En
la primera página, una gran fotografía de un hombre con rostro triste y pelo largo y
enmarañado le guiñaba a Harry un ojo, lentamente. A Harry le resultaba extrañamente
familiar.
-¡Ese hombre! -dijo Harry, olvidando por unos momentos sus problemas-. ¡Salió en el
telediario de los muggles!
Stan volvió a la primera página y rió entre dientes.
-Es Sirius Black -asintió-. Por supuesto que ha salido en el telediario muggle, Neville.
¿Dónde has estado este tiempo?
Volvió a sonreír con aire de superioridad al ver la perplejidad de Harry. Desprendió la
primera página del diario y se la entregó a Harry.
-Deberías leer más el periódico, Neville.
Harry acercó la página a la vela y leyó:
BLACK SIGUE SUELTO
El Ministerio de Magia confirmó ayer que Sirius Black, tal vez el más malvado
recluso que haya albergado la fortaleza de Azkaban, aún no ha sido capturado.
«Estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano para volver a apresarlo, y
rogamos a la comunidad mágica que mantenga la calma», ha declarado esta misma
mañana el ministro de Magia Cornelius Fudge. Fudge ha sido criticado por
miembros de la Federación Internacional de Brujos por haber informado del
problema al Primer Ministro muggle. «No he tenido más remedio que hacerlo», ha
replicado Fudge, visiblemente enojado. «Black está loco, y supone un serio peligro
para cualquiera que se tropiece con él, ya sea mago o muggle. He obtenido del
Primer Ministro la promesa de que no revelará a nadie la verdadera identidad de
Black. Y seamos realistas, ¿quién lo creería si lo hiciera?»
Mientras que a los muggles se les ha dicho que Black va armado con un
revólver (una especie de varita de metal que los muggles utilizan para matarse entre
ellos), la comunidad mágica vive con miedo de que se repita la matanza que se
produjo hace doce años, cuando Black mató a trece personas con un solo hechizo.
Harry observó los ojos ensombrecidos de Black, la única parte de su cara demacrada que
parecía poseer algo de vida. Harry no había visto nunca a un vampiro, pero había visto fotos
en sus clases de Defensa Contra las Artes Oscuras, y Black, con su piel blanca como la cera,
parecía uno.
-Da miedo mirarlo, ¿verdad? -dijo Stan, que mientras leía el artículo se había estado
fijando en Harry.
-¿Mató a trece personas -preguntó Harry, devolviéndole a Stan la página- con un
hechizo?
-Sí -respondió Stan-. Delante de testigos y a plena luz del día. Causó conmoción, ¿no es
verdad, Ernie?
-Sí -confirmó Ernie sombríamente.
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