J. K. Rowling 179
quieroleer Harry Potter y el prisionero de Azkaban
-¡LE AYUDARON A ESCAPAR, LO SÉ! -gritó Snape, señalando a Harry y a
Hermione. Tenía la cara contorsionada. Escupía saliva.
-¡Tranquilícese, hombre! -gritó Fudge-. ¡Está diciendo tonterías!
-¡NO CONOCE A POTTER! -gritó Snape-. ¡LO HIZO ÉL, SÉ QUE LO HIZO ÉL!
-Ya vale, Severus -dijo Dumbledore con voz tranquila-. Piensa lo que dices. Esta puerta
ha permanecido cerrada con llave desde que abandoné la enfermería, hace diez minutos.
Señora Pomfrey, ¿han abandonado estos alumnos sus camas?
-¡Por supuesto que no! -dijo ofendida la señora Pomfrey-. ¡He estado con ellos desde que
usted salió!
-Ahí lo tienes, Severus -dijo Dumbledore con tranquilidad-. A menos que crea que Harry
y Hermione son capaces de encontrarse en dos lugares al mismo tiempo, me temo que no
encuentro motivo para seguir molestándolos.
Snape se quedó allí, enfadado, apartando la vista de Fudge, que parecía totalmente
sorprendido por su comportamiento, y dirigiéndola a Dumbledore, cuyos ojos brillaban tras
las gafas. Snape dio media vuelta (la tela de su túnica produjo un frufrú) y salió de la sala de
la enfermería como un vendaval.
-Su colega parece perturbado -dijo Fudge, siguiéndolo con la vista-. Yo en su lugar;
Dumbledore, tendría cuidado con él.
-No es nada serio -dijo Dumbledore con calma-, sólo que acaba de sufrir una gran
decepción.
-¡No es el único! -repuso Fudge resoplando-. ¡El Profeta va a encontrarlo muy divertido!
¡Ya lo teníamos arrinconado y se nos ha escapado entre los dedos! Sólo faltaría que se
enterasen también de la huida del hipogrifo, y seré el hazmerreír. Bueno, tendré que irme y
dar cuenta de todo al Ministerio...
-¿Y los dementores? -le preguntó Dumbledore-. Espero que se vayan del colegio.
-Sí, tendrán que irse -dijo Fudge, pasándose una mano por el cabello-. Nunca creí que
intentaran darle el Beso a un niño inocente..., estaban totalmente fuera de control. Esta noche
volverán a Azkaban. Tal vez deberíamos pensar en poner dragones en las entradas del
colegio...
-Eso le encantaría a Hagrid -dijo Dumbledore, dirigiendo a Harry y a Hermione una
rápida sonrisa. Cuando él y Fudge dejaron la enfermería, la señora Pomfrey corrió hacia la
puerta y la volvió a cerrar con llave. Murmurando entre dientes, enfadada, volvió a su
despacho.
Se oyó un leve gemido al otro lado de la enfermería. Ron se acababa de despertar. Lo
vieron sentarse, rascarse la cabeza y mirar a su alrededor.
-¿Qué ha pasado? -preguntó-. ¿Harry? ¿Qué hacemos aquí? ¿Dónde está Sirius? ¿Dónde
está Lupin? ¿Qué ocurre?
Harry y Hermione se miraron.
-Explícaselo tú -dijo Harry, cogiendo un poco más de chocolate.
Cuando Harry; Ron y Hermione dejaron la enfermería al día siguiente a mediodía,
encontraron el castillo casi desierto. El calor abrasador y el final de los exámenes invitaban a
todo el mundo a aprovechar al máximo la última visita a Hogsmeade. Sin embargo, ni a Ron
ni a Hermione les apetecía ir, así que pasearon con Harry por los terrenos del colegio, sin pa-
rar de hablar de los extraordinarios acontecimientos de la noche anterior y preguntándose
dónde estarían en aquel momento Sirius y Buckbeak. Cuando se sentaron cerca del lago,
viendo cómo sacaba los tentáculos del agua el calamar gigante, Harry perdió el hilo de la
conversación mirando hacia la orilla opuesta. La noche anterior; el ciervo había galopado
hacia él desde allí.
Una sombra los cubrió. Al levantar la vista vieron a Hagrid, medio dormido, que se
secaba la cara sudorosa con uno de sus enormes pañuelos y les sonreía.
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