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quieroleer Harry Potter y el prisionero de Azkaban J. K. Rowling
-¡Murieron en un accidente de coche, sucio embustero, y te dejaron para que fueras una
carga para tus decentes y trabajadores tíos! -gritó tía Marge, inflándose de ira-. Eres un niño
insolente, desagradecido y...
Pero tía Marge se cortó en seco. Por un momento fue como si le faltasen las palabras. Se
hinchaba con una ira indescriptible... Pero la hinchazón no se detenía. Su gran cara encarnada
comenzó a aumentar de tamaño. Se le agrandaron los pequeños ojos y la boca se le estiró
tanto que no podía hablar. Al cabo de un instante, saltaron varios botones de su chaqueta de
mezclilla y golpearon en las paredes... Se inflaba como un globo monstruoso. El estómago se
expandió y reventó la cintura de la falda de mezclilla. Los dedos se le pusieron como
morcillas...
-¡MARGE! -gritaron a la vez tío Vernon y tía Petunia, cuando el cuerpo de tía Marge
comenzó a elevarse de la silla hacia el techo. Estaba completamente redonda, como un in-
menso globo con ojos de cerdito. Ascendía emitiendo leves ruidos como de estallidos. Ripper
entró en la habitación ladrando sin parar.
-¡NOOOOOOO!
Tío Vernon cogió a Marge por un pie y trató de bajarla, pero faltó poco para que se
elevara también con ella. Un instante después, Ripper dio un salto y hundió los colmillos en la
pierna de tío Vernon.
Harry salió corriendo del comedor, antes de que nadie lo pudiera detener; y se dirigió al
armario que había debajo de las escaleras. Por arte de magia, la puerta del armario se abrió de
golpe cuando llegó ante ella. En unos segundos arrastró el baúl hasta la puerta de la casa.
Subió las escaleras rápidamente, se echó bajo la cama, levantó la tabla suelta y sacó la funda
de almohada llena de libros y regalos de cumpleaños. Salió de debajo de la cama, cogió la
jaula vacía de Hedwig, bajó las escaleras corriendo y llegó al baúl en el instante en que tío
Vernon salía del comedor con la pernera del pantalón hecha jirones.
-¡VEN AQUÍ! -bramó-. ¡REGRESA Y ARREGLA LO QUE HAS HECHO!
Pero una rabia imprudente se había apoderado de Harry. Abrió el baúl de una patada,
sacó la varita y apuntó con ella a tío Vernon.
-Tía Marge se lo merecía -dijo Harry jadeando-. Se merecía lo que le ha pasado. No te
acerques.
Tentó a sus espaldas buscando el tirador de la puerta.
-Me voy -añadió-. Ya he tenido bastante.
Momentos después arrastraba el pesado baúl, con la jaula de Hedwig debajo del brazo,
por la oscura y silenciosa calle.
3
El autobús noctámbulo
Después de alejarse varias calles, se dejó caer sobre un muro bajo de la calle Magnolia,
jadeando a causa del esfuerzo. Se quedó sentado, inmóvil, todavía furioso, escuchando los
latidos acelerados del corazón. Pero después de estar diez minutos solo en la oscura calle, le
sobrecogió una nueva emoción: el pánico. De cualquier manera que lo mirara, nunca se había
encontrado en peor apuro. Estaba abandonado a su suerte y totalmente solo en el sombrío
mundo muggle, sin ningún lugar al que ir. Y lo peor de todo era que acababa de utilizar la
magia de forma seria, lo que implicaba, con toda seguridad, que sería expulsado de Hogwarts.
Había infringido tan gravemente el Decreto para la moderada limitación de la brujería en
menores de edad que estaba sorprendido de que los representantes del Ministerio de Magia no
se hubieran presentado ya para llevárselo.
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