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quieroleer Harry Potter y el prisionero de Azkaban J. K. Rowling

la escoba voladora cada vez que tía Marge se metía con él. El truco funcionó bastante bien,
aunque debía de darle aspecto de atontado y tía Marge había empezado a decir que era
subnormal.
Por fin llegó la última noche que había de pasar tía Marge en la casa. Tía Petunia preparó
una cena por todo lo alto y tío Vernon descorchó varias botellas de vino. Tomaron la sopa y el
salmón sin hacer ninguna referencia a los defectos de Harry; durante el pastel de merengue de
limón, tío Vernon aburrió a todos con un largo discurso sobre Grunnings, la empresa de
taladros para la que trabajaba; luego tía Petunia preparó café y tío Vernon sacó una botella de
brandy.
-¿Puedo tentarte, Marge?
Tía Marge había bebido ya bastante vino. Su rostro grande estaba muy colorado.
-Sólo un poquito -dijo con una sonrisita-. Bueno, un poquito más... un poco mas... ya
vale.
Dudley se comía su cuarta ración de pastel. Tía Petunia sorbía el café con el dedo
meñique estirado. Harry habría querido subir a su habitación, pero tropezó con los ojos
pequeños e iracundos de tío Vernon y supo que debía quedarse allí.
-¡Aaah! -dijo tía Marge lamiéndose los labios y dejando la copa vacía en la mesa-. Una
comilona estupenda, Petunia. Por las noches me contento con cualquier frito. Con doce perros
que cuidar... -Eructó a sus anchas y se dio una palmada en la voluminosa barriga-. Perdón.
Pero me gusta ver a un buen mozo -prosiguió guiñándole el ojo a Dudley-. Serás un hombre
de buen tamaño, Dudders, como tu padre. Sí, tomaré una gota más de brandy, Vernon... En
cuanto a éste...
Señaló a Harry con la cabeza. El muchacho sintió que se le encogía el estómago.
«El manual», pensó con rapidez.
-Éste no tiene buena planta, ha salido pequeñajo. Pasa también con los perros. El año
pasado tuve que pedirle al coronel Fubster que asfixiara a uno, porque era raquítico. Débil. De
mala raza.
Harry intentó recordar la página 12 de su libro: «Encantamiento para los que van al
revés.»
-Como decía el otro día, todo se hereda. La mala sangre prevalece. No digo nada contra
tu familia, Petunia. -Con su mano de pala dio una palmadita sobre la mano huesuda de tía
Petunia-. Pero tu hermana era la oveja negra. Siempre hay alguna, hasta en las mejores
familias. Y se escapó con un gandul. Aquí tenemos el resultado.
Harry miraba su plato, sintiendo un extraño zumbido en los oídos. «Sujétese la escoba
por el palo.» No podía recordar cómo seguía. La voz de tía Marge parecía perforar su cabeza
como un taladro de tío Vernon.
-Ese Potter -dijo tía Marge en voz alta, cogiendo la botella de brandy y vertiendo más en
su copa y en el mantel-, nunca me dijisteis a qué se dedicaba.
Tío Vernon y tía Petunia estaban completamente tensos. Incluso Dudley había retirado
los ojos del pastel y miraba a sus padres boquiabierto.
-No... no trabajaba -dijo tío Vernon, mirando a Harry de reojo-. Estaba parado.
-¡Lo que me imaginaba! -comentó tía Marge echándose un buen trago de brandy y
limpiándose la barbilla con la manga-. Un inútil, un vago y un gorrón que...
-No era nada de eso -interrumpió Harry de repente. Todos se callaron. Harry temblaba de
arriba abajo. Nunca había estado tan enfadado.
-¡MÁS BRANDY! -gritó tío Vernon, que se había puesto pálido. Vació la botella en la
copa de tía Marge-. Tú, chico -gruñó a Harry-, vete a la cama.
-No, Vernon -dijo entre hipidos tía Marge, levantando una mano. Fijó en los de Harry sus
ojos pequeños y enrojecidos-. Sigue, muchacho, sigue. Conque estás orgulloso de tus padres,
¿eh? Van y se matan en un accidente de coche... borrachos, me imagino...
-No murieron en ningún accidente de coche -repuso Harry, que sin darse cuenta se había
levantado.
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