J. K. Rowling 139
quieroleer Harry Potter y el prisionero de Azkaban

-Una porquería -dijo Ron-. No conseguía ver nada, así que me inventé algunas cosas.
Pero no creo que la haya convencido...
-Nos veremos en la sala común -musitó Harry cuando la voz de la profesora Trelawney
anunció:
-¡Harry Potter!
En la sala de la torre hacia más calor que nunca. Las cortinas estaban echadas, el fuego
encendido, y el habitual olor mareante hizo toser a Harry mientras avanzaba entre las sillas y
las mesas hasta el lugar en que la profesora Trelawney lo aguardaba sentada ante una bola
grande de cristal.
-Buenos días, Harry -dijo suavemente-. Si tuvieras la amabilidad de mirar la bola...
Tómate tu tiempo, y luego dime lo que ves dentro de ella...
Harry se inclinó sobre la bola de cristal y miró concentrándose con todas sus fuerzas,
buscando algo más que la niebla blanca que se arremolinaba dentro, pero sin encontrarlo.
-¿Y bien? -le preguntó la profesora Trelawney con delicadeza-. ¿Qué ves?
El calor y el humo aromático que salía del fuego que había a su lado resultaban
asfixiantes. Pensó en lo que Ron le había dicho y decidió fingir.
-Eeh... -dijo Harry-. Una forma oscura...
-¿A qué se parece? -susurró la profesora Trelawney-. Piensa...
La mente de Harry echó a volar y aterrizó en Buckbeak.
-Un hipogrifo -dijo con firmeza.
-¿De verdad? -susurró la profesora Trelawney, escribiendo deprisa y con entusiasmo en
el pergamino que tenía en las rodillas-. Muchacho, bien podrías estar contemplando la
solución del problema de Hagrid con el Ministerio de Magia. Mira más detenidamente... El
hipogrifo ¿tiene cabeza?
-Sí -dijo Harry con seguridad.
-¿Estás seguro? -insistió la profesora Trelawney-. ¿Totalmente seguro, Harry? ¿No lo ves
tal vez retorciéndose en el suelo y con la oscura imagen de un hombre con un hacha detrás?
-No -dijo Harry, comenzando a sentir náuseas.
-¿No hay sangre? ¿No está Hagrid llorando?
-¡No! -contestó Harry, con crecientes deseos de abandonar la sala y aquel calor-. Parece
que está bien. Está volando...
La profesora Trelawney suspiró.
-Bien, querido. Me parece que lo dejaremos aquí... Un poco decepcionante, pero estoy
segura de que has hecho todo lo que has podido.
Aliviado, Harry se levantó, cogió la mochila y se dio la vuelta para salir. Pero entonces
oyó detrás de él una voz potente y áspera:
-Sucederá esta noche.
Harry dio media vuelta. La profesora Trelawney estaba rígida en su sillón. Tenía la vista
perdida y la boca abierta.
-¿Cómo dice? -preguntó Harry.
Pero la profesora Trelawney no parecía oírle. Sus pupilas comenzaron a moverse. Harry
estaba asustado. La profesora parecía a punto de sufrir un ataque. El muchacho no sabía si
salir corriendo hacia la enfermería. Y entonces la profesora Trelawney volvió a hablar con la
misma voz áspera, muy diferente a la suya:
-El Señor de las Tinieblas está solo y sin amigos, abandonado por sus seguidores. Su
vasallo ha estado encadenado doce años. Hoy, antes de la medianoche, el vasallo se liberará e
irá a reunirse con su amo. El Señor de las Tinieblas se alzará de nuevo, con la ayuda de su
vasallo, más grande y más terrible que nunca. Hoy... antes de la medianoche... el vasallo...
irá... a reunirse... con su amo...
Su cabeza cayó hacia delante, sobre el pecho. La profesora Trelawney emitió un gruñido.
Luego, repentinamente, volvió a levantar la cabeza.
-Lo siento mucho, chico -añadió con voz soñolienta-. El calor del día, ¿sabes...? Me he
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