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quieroleer Harry Potter y el prisionero de Azkaban J. K. Rowling

Oyó crujir la gravilla bajo las ruedas del coche de tío Vernon. Luego, los golpes de las
puertas del coche y pasos por el camino del jardín.
-¡Abre la puerta! -susurró tía Petunia a Harry
Harry abrió la puerta con un sentimiento de pesadumbre.
En el umbral de la puerta estaba tía Marge. Se parecía mucho a tío Vernon: era grande,
robusta y tenía la cara colorada. Incluso tenía bigote, aunque no tan poblado como el de tío
Vernon. En una mano llevaba una maleta enorme; y debajo de la otra se hallaba un perro viejo
y con malas pulgas.
-¿Dónde está mi Dudders? -rugió tía Marge-. ¿Dónde está mi sobrinito querido?
Dudley se acercó andando como un pato, con el pelo rubio totalmente pegado al gordo
cráneo y una pajarita que apenas se veía debajo de las múltiples papadas. Tía Marge tiró la
maleta contra el estómago de Harry (y le cortó la respiración), estrechó a Dudley fuertemente
con un solo brazo, y le plantó en la mejilla un beso sonoro.
Harry sabía bien que Dudley soportaba los abrazos de tía Marge sólo porque le pagaba
muy bien por ello, y con toda seguridad, al separarse después del abrazo, Dudley encontraría
un billete de veinte libras en el interior de su manaza.
-¡Petunia! -gritó tía Marge pasando junto a Harry sin mirarlo, como si fuera un perchero.
Tía Marge y tía Petunia se dieron un beso, o más bien tía Marge golpeó con su
prominente mandíbula el huesudo pómulo de tía Petunia.
Entró tío Vernon sonriendo jovialmente mientras cerraba la puerta.
-¿Un té, Marge? -preguntó-. ¿Y qué tomará Ripper?
-Ripper sorberá el té que se me derrame en el plato -dijo tía Marge mientras entraban
todos en tropel en la cocina, dejando a Harry solo en el vestíbulo con la maleta. Pero Harry no
lo lamentó; cualquier cosa era mejor que estar con tía Marge. Subió la maleta por las escaleras
hasta la habitación de invitados lo más despacio que pudo.
Cuando regresó a la cocina, a tía Marge le habían servido té y pastel de frutas, y Ripper
lamía té en un rincón, haciendo mucho ruido. Harry notó que tía Petunia se estremecía al ver a
Ripper manchando el suelo de té y babas. Tía Petunia odiaba a los animales.
-¿Has dejado a alguien al cuidado de los otros perros, Marge? -inquirió tío Vernon.
-El coronel Fubster los cuida -dijo tía Marge con voz de trueno-. Está jubilado. Le viene
bien tener algo que hacer. Pero no podría dejar al viejo y pobre Ripper. ¡Sufre tanto si no está
conmigo...!
Ripper volvió a gruñir cuando se sentó Harry. Tía Marge se fijó en él por primera vez.
-Conque todavía estás por aquí, ¿eh? -bramó.
-Sí -respondió Harry
-No digas sí en ese tono maleducado -gruñó tía Marge-. Demasiado bien te tratan Vernon
y Petunia teniéndote aquí con ellos. Yo en su lugar no lo hubiera hecho. Si te hubieran
abandonado a la puerta de mi casa te habría enviado directamente al orfanato.
Harry estuvo a punto de decir que hubiera preferido un orfanato a vivir con los Dursley,
pero se contuvo al recordar la autorización para ir a Hogsmeade. Se le dibujó en la cara una
triste sonrisa.
-¡No pongas esa cara! -rugió tía Marge-. Ya veo que no has mejorado desde la última vez
que te vi. Esperaba que el colegio te hubiera enseñado modales. -Tomó un largo sorbo de té,
se limpió el bigote y preguntó-: ¿Adónde me has dicho que lo enviáis, Vernon?
-Al colegio San Bruto -dijo con prontitud tío Vernon-. Es una institución de primera
categoría para casos desesperados.
-Bien -dijo tía Marge-. ¿Utilizan la vara en San Bruto, chico? -dijo, orientando la boca
hacia el otro lado de la mesa.
-Bueeenooo...
Tío Vernon asentía detrás de tía Marge.
-Sí -dijo Harry, y luego, pensando que era mejor hacer las cosas bien, añadió-: sin parar.
-Excelente -dijo tía Marge-. No comprendo esas ñoñerías de no pegar a los que se lo
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