J. K. Rowling 119
quieroleer Harry Potter y el prisionero de Azkaban
nota por encima de las cabezas ajenas-. ¿Qué vas a hacer? -preguntó a Harry en voz baja, al
sentarse.
-Bueno, Filch no ha tapado la entrada del pasadizo que lleva a Honeydukes -dijo
Harry aún más bajo.
-Harry -dijo una voz en su oído derecho. Harry se sobresaltó. Se volvió y vio a
Hermione, sentada a la mesa que tenían detrás, por un hueco que había en el muro de libros
que la ocultaba-, Harry, si vuelves otra vez a Hogsmeade... le contaré a la profesora
McGonagall lo del mapa.
-¿Oyes a alguien, Harry? -masculló Ron, sin mirar a Hermione.
-Ron, ¿cómo puedes dejarle que vaya? ¡Después de lo que estuvo a punto de hacerte
Sirius Black! Hablo en serio. Le contaré...
-¡Así que ahora quieres que expulsen a Harry! -dijo Ron, furioso-. ¿Es que no has hecho
ya bastante daño este curso?
Hermione abrió la boca para responder, pero Crookshanks saltó sobre su regazo con un
leve bufido. Hermione se asustó de la expresión de Ron, cogió a Crookshanks y se fue
corriendo hacia los dormitorios de las chicas.
-Entonces ¿qué te parece? -preguntó Ron a Harry, como si no hubiera habido ninguna
interrupción-. Venga, la última vez no viste nada. ¡Ni siquiera has estado todavía en Zonko!
Harry miró a su alrededor para asegurarse de que Hermione no podía oír sus palabras:
-De acuerdo -dijo-. Pero esta vez cogeré la capa invisible.
El sábado por la mañana, Harry metió en la mochila la capa invisible, guardó en el bolsillo el
mapa del merodeador y bajó a desayunar con los otros. Hermione no dejaba de mirarlo con
suspicacia, pero él evitaba su mirada y se aseguró de que ella lo viera subir la escalera de
mármol del vestíbulo mientras todos los demás se dirigían a las puertas principales.
-¡Adiós, Harry! -le dijo en voz alta-. ¡Hasta la vuelta!
Ron se sonrió y guiñó un ojo.
Harry subió al tercer piso a toda prisa, sacando el mapa del merodeador mientras corría.
Se puso en cuclillas detrás de la bruja tuerta y extendió el mapa. Un puntito diminuto se
movía hacia él. Harry lo examinó entornando los ojos. La minúscula inscripción que
acompañaba al puntito decía: «NEVILLE LONGBOTTOM.»
Harry sacó la varita rápidamente, musitó «Dissendio» y metió la mochila en la estatua,
pero antes de que pudiera entrar por ella Neville apareció por la esquina:
-¡Harry! Había olvidado que tú tampoco ibas a Hogsmeade.
-Hola, Neville -dijo Harry, separándose rápidamente de la estatua y volviendo a meterse
el mapa en el bolsillo-. ¿Qué haces?
-Nada -dijo Neville, encogiéndose de hombros-. ¿Te apetece una partida de snap
explosivo?
-Ahora no... Iba a la biblioteca a hacer el trabajo sobre los vampiros, para Lupin.
-¡Voy contigo! -dijo Neville con entusiasmo-. ¡Yo tampoco lo he hecho!
-Eh... ¡Pero si lo terminé anoche! ¡Se me había olvidado!
-¡Estupendo, entonces podrás ayudarme! -dijo Neville-. No me entra todo eso del ajo.
¿Se lo tienen que comer o...?
Neville se detuvo con un estremecimiento, mirando por encima del hombro de Harry.
Era Snape. Neville se puso rápidamente detrás de Harry.
-¿Qué hacéis aquí los dos? -dijo Snape, deteniéndose y mirando primero a uno y después
al otro-. Un extraño lugar para reunirse...
Ante el desasosiego de Harry, los ojos negros de Snape miraron hacia las puertas que
había a cada lado y luego a la bruja tuerta.
-No nos hemos reunido aquí -explicó Harry-. Sólo nos hemos encontrado por casualidad.
-¿De veras? -dijo Snape-. Tienes la costumbre de aparecer en lugares inesperados, Potter;
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