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quieroleer Harry Potter y el prisionero de Azkaban J. K. Rowling
Tío Vernon dio a Dudley una palmadita en su hombro porcino.
-Vuelvo enseguida -dijo, y salió de la cocina. Harry, que había quedado en una especie
de trance causado por el terror; tuvo de repente una idea. Dejó la tostada, se puso de pie
rápidamente y siguió a tío Vernon hasta la puerta.
Tío Vernon se ponía la chaqueta que usaba para conducir:
-No te voy a llevar -gruñó, volviéndose hacia Harry; que lo estaba mirando.
-Como si yo quisiera ir -repuso Harry-. Quiero pedirte algo. -Tío Vernon lo miró con
suspicacia-. A los de tercero, en Hog... en mi colegio, a veces los dejan ir al pueblo.
-¿Y qué? -le soltó tío Vernon, cogiendo las llaves de un gancho que había junto a la
puerta.
-Necesito que me firmes la autorización -dijo Harry apresuradamente.
-¿Y por qué habría de hacerlo? -preguntó tío Vernon con desdén.
-Bueno -repuso Harry, eligiendo cuidadosamente las palabras-, será difícil simular ante
tía Marge que voy a ese Centro... ¿cómo se llamaba?
-¡Centro de Seguridad San Bruto para Delincuentes Juveniles Incurables! -bramó
tío Vernon.
Y a Harry le encantó percibir una nota de terror en la voz de tío Vernon.
-Ajá -dijo Harry mirando a tío Vernon a la cara, tranquilo-. Es demasiado largo para
recordarlo. Tendré que decirlo de manera convincente, ¿no? ¿Qué pasaría si me equivocara?
-Te lo haría recordar a golpes -rugió tío Vernon, abalanzándose contra Harry con el puño
en alto. Pero Harry no retrocedió.
-Eso no le hará olvidar a tía Marge lo que yo le haya dicho -dijo Harry en tono serio.
Tío Vernon se detuvo con el puño aún levantado y el rostro desagradablemente
amoratado.
-Pero si firmas la autorización, te juro que recordaré el colegio al que se supone que voy,
y que actuaré como un mug... como una persona normal, y todo eso.
Harry vio que tío Vernon meditaba lo que le acababa de decir; aunque enseñaba los
dientes, y le palpitaba la vena de la sien.
-De acuerdo -atajó de manera brusca-, te vigilaré muy atentamente durante la estancia de
Marge. Si al final te has sabido comportar y no has desmentido la historia, firmaré esa cochina
autorización.
Dio media vuelta, abrió la puerta de la casa y la cerró con un golpe tan fuerte que se cayó
uno de los cristales de arriba.
Harry no volvió a la cocina. Regresó por las escaleras a su habitación. Si tenía que obrar
como un auténtico muggle, mejor empezar en aquel momento. Muy despacio y con tristeza,
fue recogiendo todos los regalos y tarjetas de cumpleaños y los escondió debajo de la tabla
suelta, junto con sus deberes. Se dirigió a la jaula de Hedwig. Parecía que Errol se había
recuperado. Hedwig y él estaban dormidos, con la cabeza bajo el ala. Suspiró. Los despertó
con un golpecito.
-Hedwig -dijo un poco triste-, tendrás que desaparecer una semana. Vete con Errol. Ron
cuidará de ti. Voy a escribirle una nota para darle una explicación. Y no me mires así.
Hedwig lo miraba con sus grandes ojos ambarinos, con reproche.
-No es culpa mía. No hay otra manera de que me permitan visitar Hogsmeade con Ron y
Hermione.
Diez minutos más tarde, Errol y Hedwig (ésta con una nota para Ron atada a la pata)
salieron por la ventana y volaron hasta perderse de vista. Harry, muy triste, cogió la jaula y la
escondió en el armario.
Pero no tuvo mucho tiempo para entristecerse. Enseguida tía Petunia le empezó a gritar
para que bajara y se preparase para recibir a la invitada.
-¡Péinate bien! -le dijo imperiosamente tía Petunia en cuanto llegó al vestíbulo.
Harry no entendía por qué tenía que aplastarse el pelo contra el cuero cabelludo. A tía
Marge le encantaba criticarle, así que cuanto menos se arreglara, más contenta estaría ella.
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