J. K. Rowling 109
quieroleer Harry Potter y el prisionero de Azkaban
-La Aritmancia parece horrible -observó Harry, cogiendo una tabla de números
particularmente abstrusa.
-No, es maravillosa -dijo Hermione con sinceridad-. Es mi asignatura favorita. Es...
Pero Harry no llegó a enterarse de qué tenía de maravilloso la Aritmancia. En aquel
preciso instante resonó un grito ahogado en la escalera de los chicos. Todos los de la sala
común se quedaron en silencio, petrificados, mirando hacia la entrada. Se acercaban unos
pasos apresurados que se oían cada vez más fuerte. Y entonces apareció Ron arrastrando una
sábana.
-¡MIRA! -gritó, acercándose a zancadas a la mesa de Hermione-. ¡MIRA! -repitió,
sacudiendo la sábana delante de su cara.
-¿Qué pasa, Ron?
-¡SCABBERS! ¡MIRA! ¡SCABBERS!
Hermione se apartó de Ron, echándose hacia atrás, muy asombrada. Harry observó la
sábana que sostenía Ron. Había algo rojo en ella. Algo que se parecía mucho a...
-¡SANGRE! -exclamó Ron en medio del silencio-. ¡NO ESTÁ! ¿Y SABES LO QUE
HABÍA EN EL SUELO?
-No, no -dijo Hermione con voz temblorosa. Ron tiró algo encima de la traducción rúnica
de Hermione. Ella y Harry se inclinaron hacia delante. Sobre las inscripciones extrañas y
espigadas había unos pelos de gato, largos y de color canela.
13
Gryffindor contra Ravenclaw
Parecía el fin de la amistad entre Ron y Hermione. Estaban tan enfadados que Harry no veía
ninguna posibilidad de reconciliarlos.
A Ron le enfurecía que Hermione no se hubiera tomado en ningún momento en serio los
esfuerzos de Crookshanks por comerse a Scabbers, que no se hubiera preocupado por
vigilarlo, y que todavía insistiera en la inocencia de Crookshanks y en que Ron tenía que
buscar a Scabbers debajo de las camas.
Hermione, en tanto, sostenía con encono que Ron no tenía ninguna prueba de que
Crookshanks se hubiera comido a Scabbers, que los pelos canela podían encontrarse allí desde
Navidad y que Ron había cogido ojeriza a su gato desde el momento en que éste se le había
echado a la cabeza en la tienda de animales mágicos.
En cuanto a él, Harry estaba convencido de que Crookshanks se había comido a
Scabbers, y cuando intentó que Hermione comprendiera que todos los indicios parecían de-
mostrarlo, la muchacha se enfadó con Harry también.
-¡Ya sabía que te pondrías de parte de Ron! -chilló Hermione-. Primero la Saeta de
Fuego, ahora Scabbers, todo es culpa mía, ¿verdad? Lo único que te pido, Harry, es que me
dejes en paz. Tengo mucho que hacer.
Ron estaba muy afectado por la pérdida de su rata.
-Vamos, Ron. Siempre te quejabas de lo aburrida que era Scabbers -dijo Fred, con
intención de animarlo-. Y además llevaba mucho tiempo descolorida. Se estaba consumiendo.
Sin duda ha sido mejor para ella morir rápidamente. Un bocado... y no se dio ni cuenta.
-¡Fred! -exclamó Ginny indignada.
-Lo único que hacía era comer y dormir; Ron. Tú también lo decías -intervino George.
-¡En una ocasión mordió a Goyle! -dijo Ron con tristeza-. ¿Te acuerdas, Harry?
-Sí, es verdad -respondió Harry.
-Fue su momento grandioso -comentó Fred, incapaz de contener una sonrisa-. La cicatriz
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