Harry aguzó el oído. En la distancia, proveniente del piso superior, y cada
vez más débil, oyó de nuevo la voz:... huelo sangre... ¡HUELO SANGRE!

El corazón le dio un vuelco.

--¡Va a matar a alguien! --gritó, y sin hacer caso de las caras
desconcertadas de Ron y Hermione, subió el siguiente tramo saltando los
escalones de tres en tres, intentando oír a pesar del ruido de sus propios
pasos.

Harry recorrió a toda velocidad el segundo piso, y Ron y Hermione lo
seguían jadeando. No pararon hasta que doblaron la esquina del último
corredor, también desierto.

--Harry, ¿qué pasaba? --le preguntó Ron, secándose el sudor de la cara.
Yo no oí nada...

Pero Hermione dio de repente un grito ahogado, y señaló al corredor.

--¡Mirad!

Delante de ellos, algo brillaba en el muro. Se aproximaron, despacio,
intentando ver en la oscuridad con los ojos entornados. En el espacio entre dos
ventanas, brillando a la luz que arrojaban las antorchas, había en el muro unas
palabras pintadas de más de un palmo de altura.



LA CAMARA DE LOS SECRETOS HA SIDO ABIERTA.

TEMED, ENEMIGOS DEL HEREDERO.



--¿Qué es lo que cuelga ahí debajo? --preguntó Ron, con un leve temblor
en la voz.

Al acercarse más, Harry casi resbala por un gran charco de agua que
había en el suelo. Ron y Hermione lo sostuvieron, y juntos se acercaron
despacio a la inscripción, con los ojos fijos en la sombra negra que se veía
debajo. Los tres comprendieron a la vez lo que era, y dieron un brinco hacia
atrás.

La Señora Norris, la gata del conserje, estaba colgada por la cola en una
argolla de las que se usaban para sujetar antorchas. Estaba rígida como una
tabla, con los ojos abiertos y fijos.

Durante unos segundos, no se movieron. Luego dijo Ron:

--Vámonos de aquí.

--No deberíamos intentar... --comenzó a decir Harry, sin encontrar las



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