Harry entró de puntillas en su dormitorio, cerró la puerta y se echó en la
cama.
El problema era que ya había alguien sentado en ella.
2
La advertencia de Dobby
Harry no gritó, pero estuvo a punto. La pequeña criatura que yacía en la cama
tenía unas grandes orejas, parecidas a las de un murciélago, y unos ojos
verdes y saltones del tamaño de pelotas de tenis. En aquel mismo instante,
Harry tuvo la certeza de que aquella cosa era lo que le había estado vigilando
por la mañana desde el seto del jardín.
La criatura y él se quedaron mirando uno al otro, y Harry oyó la voz de
Dudley proveniente del recibidor.
--¿Me permiten sus abrigos, señor y señora Mason?
Aquel pequeño ser se levantó de la cama e hizo una reverencia tan
profunda que tocó la alfombra con la punta de su larga y afilada nariz. Harry se
dio cuenta de que iba vestido con lo que parecía un almohadón viejo con
agujeros para sacar los brazos y las piernas.
--Esto..., hola --saludó Harry, azorado.
--Harry Potter --dijo la criatura con una voz tan aguda que Harry estaba
seguro de que se había oído en el piso de abaje--, hace mucho tiempo que
Dobby quería conocerle, señor... Es un gran honor...
--Gra-gracias --respondió Harry, que avanzando pegado a la pared
alcanzó la silla del escritorio y se sentó. A su lado estaba Hedwig, dormida en
su gran jaula. Quiso preguntarle «¿Qué es usted?», pero pensó que sonaría
demasiado grosero, así que dijo:
--¿Quién es usted?
--Dobby, señor. Dobby a secas. Dobby, el elfo doméstico --contestó la
criatura.
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