--Bien --dijo Harry, alejándose de la mirada acusadora de la Señora
Norris. Pero no se dio la prisa necesaria. Argus Filch penetró repentinamente
por un tapiz que había a la derecha de Harry, llamado por la misteriosa
conexión que parecía tener con su repugnante gata, a buscar como un loco y
sin descanso a cualquier infractor de las normas. Llevaba al cuello una gruesa
bufanda de tela escocesa, y su nariz estaba de un color rojo que no era el
habitual.
--¡Suciedad! --gritó, con la mandíbula temblando y los ojos salidos de las
órbitas, al tiempo que señalaba el charco de agua sucia que había goteado de
la túnica de quidditch de Harry--. ¡Suciedad y mugre por todas partes! ¡Hasta
aquí podíamos llegar! ¡Sígueme, Potter!
Así que Harry hizo un gesto de despedida a Nick Casi Decapitado y siguió
a Filch escaleras abajo, duplicando el número de huellas de barro.
Harry no había entrado nunca en la conserjería de Filch. Era un lugar que
evitaban la mayoría de los estudiantes, una habitación lóbrega y desprovista de
ventanas, iluminada por una solitaria lámpara de aceite que colgaba del techo,
y en la cual persistía un vago olor a pescado frito. En las paredes había
archivadores de madera. Por las etiquetas, Harry imaginó que contenían
detalles de cada uno de los alumnos que Filch había castigado en alguna
ocasión. Fred y George Weasley tenían para ellos solos un cajón entero.
Detrás de la mesa de Filch, en la pared, colgaba una colección de cadenas y
esposas relucientes. Todos sabían que él siempre pedía a Dumbledore que le
dejara colgar del techo por los tobillos a los alumnos.
Filch cogió una pluma de un bote que había en la mesa y empezó a
revolver por allí buscando pergamino.
--Cuánta porquería --se quejaba, furioso--: mocos secos de lagarto
silbador gigante..., cerebros de rana..., intestinos de ratón... Estoy harto... Hay
que dar un escarmiento... ¿Dónde está el formulario? Ajá...
Encontró un pergamino en el cajón de la mesa y lo extendió ante sí, y a
continuación mojó en el tintero su larga pluma negra.
--Nombre: Harry Potter. Delito: ...
--¡Sólo fue un poco de barro! --dijo Harry.
--Sólo es un poco de barro para ti, muchacho, ¡pero para mí es una hora
extra fregando! --gritó Filch. Una gota temblaba en la punta de su protuberante
nariz--. Delito: ensuciar el castillo. Castigo propuesto: ...
Secándose la nariz, Filch miró con desagrado a Harry, entornando los ojos.
El muchacho aguardaba su sentencia conteniendo la respiración.
Pero cuando Filch bajó la pluma, se oyó un golpe tremendo en el techo de
la conserjería, que hizo temblar la lámpara de aceite.
--¡PEEVES! --bramó Filch, tirando la pluma en un acceso de ira--. ¡Esta
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