--No..., no puedes... Papá dijo que no harías ma-magia... Ha dicho que te
echará de casa..., y no tienes otro sitio donde ir..., no tienes amigos con los que
quedarte...

--¡Abracadabra! --dijo Harry con voz enérgica--. ¡Pata de cabra!
¡Patatum, patatam!

--¡Mamaaaaaaá! --vociferó Dudley, dando traspiés al salir a toda pastilla
hacia la casa--, ¡mamaaaaaaá! ¡Harry está haciendo lo que tú sabes!

Harry pagó caro aquel instante de diversión. Como Dudley y el seto
estaban intactos, tía Petunia sabía que Harry no había hecho magia en
realidad, pero aun así intentó pegarle en la cabeza con la sartén que tenía a
medio enjabonar y Harry tuvo que esquivar el golpe. Luego le dio tareas que
hacer, asegurándole que no comería hasta que hubiera acabado.

Mientras Dudley no hacia otra cosa que mirarlo y comer helados, Harry
limpió las ventanas, lavó el coche, cortó el césped, recortó los arriates, podó y
regó los rosales y dio una capa de pintura al banco del jardín. El sol ardiente le
abrasaba la nuca. Harry sabía que no tenía que haber picado el anzuelo de
Dudley, pero éste le había dicho exactamente lo mismo que él estaba
pensando..., que quizá tampoco en Hogwarts tuviera amigos.

«Tendrían que ver ahora al famoso Harry Potter», pensaba sin compasión,
echando abono a los arriates, con la espalda dolorida y el sudor goteándole por
la cara.

Eran las siete de la tarde cuando finalmente, exhausto, oyó que lo llamaba
tía Petunia.

--¡Entra! ¡Y pisa sobre los periódicos!

Fue un alivio para Harry entrar en la sombra de la reluciente cocina.
Encima del frigorífico estaba el pudín de la cena: un montículo de nata montada
con violetas de azúcar. Una pieza de cerdo asado chisporroteaba en el horno.

--¡Come deprisa! ¡Los Mason no tardarán! --le dijo con brusquedad tía
Petunia, señalando dos rebanadas de pan y un pedazo de queso que había en
la mesa. Ella ya llevaba puesto el vestido de noche de color salmón.

Harry se lavó las manos y engulló su miserable cena. No bien hubo
terminado, tía Petunia le quitó el plato.

--¡Arriba! ¡Deprisa!

Al cruzar la puerta de la sala de estar, Harry vio a su tío Vernon y a Dudley
con esmoquin y pajarita. Acababa de llegar al rellano superior cuando sonó el
timbre de la puerta y al pie de la escalera apareció la cara furiosa de tío
Vernon.

--Recuerda, muchacho: un solo ruido y...



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