¡Lo que habría dado en aquel momento por recibir un mensaje de
Hogwarts, de un mago o una bruja! Casi le habría alegrado ver a su mortal
enemigo, Draco Malfoy, para convencerse de que aquello no había sido
solamente un sueño...
Aunque no todo el curso en Hogwarts resultó divertido. Al final del último
trimestre, Harry se había enfrentado cara a cara nada menos que con el
mismísimo lord Voldemort. Aun cuando no fuera más que una sombra de lo
que había sido en otro tiempo, Voldemort seguía resultando terrorífico, era
astuto y estaba decidido a recuperar el poder perdido. Por segunda vez, Harry
había logrado escapar de las garras de Voldemort, pero por los pelos, y aún
ahora, semanas más tarde, continuaba despertándose en mitad de la noche,
empapado en un sudor frío, preguntándose dónde estaría Voldemort,
recordando su rostro lívido, sus ojos muy abiertos, furiosos...
De pronto, Harry se irguió en el banco del jardín. Se había quedado
ensimismado mirando el seto... y el seto le devolvía la mirada. Entre las hojas
habían aparecido dos grandes ojos verdes.
Una voz burlona resonó detrás de él en el jardín y Harry se puso de pie de
un salto.
--Sé qué día es hoy --canturreó Dudley, acercándosele con andares de
pato.
Los ojos grandes se cerraron y desaparecieron.
--¿Qué? --preguntó Harry, sin apartar la vista del lugar por donde habían
desaparecido.
--Sé qué día es hoy --repitió Dudley a su lado.
--Enhorabuena --respondió Harry--. ¡Por fin has aprendido los días de la
semana!
--Hoy es tu cumpleaños --dijo con sorna--. ¿Cómo es que no has
recibido postales de felicitación? ¿Ni siquiera en aquel monstruoso lugar has
hecho amigos?
--Procura que tu mamá no te oiga hablar sobre mi colegio --contestó
Harry con frialdad.
Dudley se subió los pantalones, que no se le sostenían en la ancha cintura.
--¿Por qué miras el seto? --preguntó con recelo.
--Estoy pensando cuál sería el mejor conjuro para prenderle fuego --dijo
Harry.
Al oírlo, Dudley trastabilló hacia atrás y el pánico se reflejó en su cara
gordita.
7
|
|