minutos antes de que Harry se diera cuenta de que alguien lo vigilaba
estrechamente. Al levantar la vista, vio al muchacho pequeño de pelo castaño
que la noche anterior se había puesto el sombrero seleccionador. Lo miraba
como paralizado. Tenía en las manos lo que parecía una cámara de fotos
muggle normal y corriente, y cuando Harry miró hacia él, se ruborizó en
extremo.

--¿Me dejas, Harry? Soy... soy Colin Creevey --dijo entrecortadamente,
dando un indeciso paso hacia delante--. Estoy en Gryffindor también.
¿Podría..., me dejas... que te haga una foto? --dijo, levantando la cámara
esperanzado.

--¿Una foto? --repitió Harry sin comprender.

--Con ella podré demostrar que te he visto --dijo Colin Creevey con
impaciencia, acercándose un poco más, como si no se atreviera--. Lo sé todo
sobre ti. Todos me lo han contado: cómo sobreviviste cuando Quien-tú-sabes
intentó matarte y cómo desapareció él, y toda esa historia, y que conservas en
la frente la cicatriz en forma de rayo (con los ojos recorrió la línea del pelo de
Harry). Y me ha dicho un compañero del dormitorio que si revelo el negativo en
la poción adecuada, la foto saldrá con movimiento. --Colin exhaló un soplido
de emoción y continuó--: Esto es estupendo, ¿verdad? Yo no tenía ni idea de
que las cosas raras que hacía eran magia, hasta que recibí la carta de
Hogwarts. Mi padre es lechero y tampoco podía creérselo. Así que me dedico a
tomar montones de fotos para enviárselas a casa. Y sería estupendo hacerte
una. --Miró a Harry casi rogándole--. Tal vez tu amigo querría sacárnosla para
que pudiera salir yo a tu lado. ¿Y me la podrías firmar luego?

--¿Firmar fotos? ¿Te dedicas a firmar fotos, Potter?

En todo el patio resonó la voz potente y cáustica de Draco Malfoy. Se
había puesto detrás de Colin, flanqueado, como siempre en Hogwarts, por
Crabbe y Goyle, sus amigotes.

--¡Todo el mundo a la cola! --gritó Malfoy a la multitud--. ¡Harry Potter
firma fotos!

--No es verdad --dijo Harry de mal humor, apretando los puños--.
¡Cállate, Malfoy!

--Lo que pasa es que le tienes envidia --dijo Colin, cuyo cuerpo entero no
era más grueso que el cuello de Crabbe.

--¿Envidia? --dijo Malfoy, que ya no necesitaba seguir gritando, porque la
mitad del patio lo escuchaba--. ¿De qué? ¿De tener una asquerosa cicatriz en
la frente? No, gracias. ¿Desde cuándo uno es más importante por tener la ca-
beza rajada por una cicatriz?

Crabbe y Goyle se estaban riendo con una risita idiota.

--Échate al retrete y tira de la cadena, Malfoy --dijo Ron con cara de
malas pulgas. Crabbe dejó de reír y empezó a restregarse de manera


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