--Corresponderá a la profesora McGonagall imponer el castigo a estos
muchachos, Severus --dijo Dumbledore con tranquilidad--. Pertenecen a su
casa y están por tanto bajo su responsabilidad. --Se volvió hacia la profesora
McGonagall--. Tengo que regresar al banquete, Minerva, he de comunicarles
unas cuantas cosas. Vamos, Severus, hay una tarta de crema que tiene muy
buena pinta y quiero probarla.

Al salir del despacho, Snape dirigió a Ron y Harry una mirada envenenada.
Se quedaron con la profesora McGonagall, que todavía los miraba como un
águila enfurecida.

--Lo mejor será que vayas a la enfermería, Weasley, estás sangrando.

--No es nada --dijo Ron, frotándose enseguida con la manga la herida
que tenía en la ceja--. Profesora, quisiera ver la selección de mi hermana.

--La Ceremonia de Selección ya ha concluido --dijo la profesora
McGonagall--. Tu hermana está también en Gryffindor.

--¡Bien! --dijo Ron.

--Y hablando de Gryffindor... --empezó a decir severamente la profesora
McGonagall.

Pero Harry la interrumpió.

--Profesora, cuando nosotros cogimos el coche, el curso aún no había
comenzado, así que, en realidad, a Gryffindor no habría que quitarle puntos,
¿no? --dijo, mirándola con temor.

La profesora McGonagall le dirigió una mirada penetrante, pero Harry
estaba seguro de que había estado a punto de sonreír. Tenía los labios menos
tensos, eso era evidente.

--No quitaremos puntos a Gryffindor --dijo ella, y Harry se sintió muy
aliviado--. Pero vosotros dos seréis castigados.

Eso era menos malo de lo que Harry se había temido. En cuanto a que
Dumbledore escribiera a los Dursley, le daba lo mismo. Harry sabía
perfectamente que los Dursley lamentarían que el sauce boxeador no lo
hubiera aplastado.

La profesora McGonagall volvió a levantar su varita y apuntó con ella al
escritorio de Snape. Sonó un ¡plop! y apareció un gran plato de emparedados,
dos copas de plata y una jarra de zumo frío de calabaza.

--Comeréis aquí y luego os iréis directamente al dormitorio --indicó--. Yo
también tengo que volver al banquete.

Cuando la puerta se cerró detrás de ella, Ron profirió un silbido bajo y
prolongado.



59

59