Harry volvió a concentrar su atención en la tostada. Por supuesto, pensó
con amargura, tío Vernon se refería a su estúpida cena. No había hablado de
otra cosa en los últimos quince días. Un rico constructor y su esposa irían a
cenar, y tío Vernon esperaba obtener un pedido descomunal. La empresa de
tío Vernon fabricaba taladros.
--Creo que deberíamos repasarlo todo otra vez --dijo tío Vernon--.
Tendremos que estar en nuestros puestos a las ocho en punto. Petunia, ¿tú
estarás...?
--En el salón --respondió enseguida tía Petunia--, esperando para darles
la bienvenida a nuestra casa.
--Bien, bien. ¿Y Dudley?
--Estaré esperando para abrir la puerta. --Dudley esbozó una sonrisa
idiota--. ¿Me permiten sus abrigos, señor y señora Mason?
--¡Les va a parecer adorable! --exclamó embelesada tía Petunia.
--Excelente, Dudley --dijo tío Vernon. A continuación, se volvió hacia
Harry--. ¿Y tú?
--Me quedaré en mi dormitorio, sin hacer ruido para que no se note que
estoy --dijo Harry, con voz inexpresiva.
--Exacto --corroboró con crueldad tío Vernon--. Yo los haré pasar al
salón, te los presentaré, Petunia, y les serviré algo de beber. A las ocho
quince...
--Anunciaré que está lista la cena --dijo tía Petunia--. Y tú, Dudley,
dirás...
--¿Me permite acompañarla al comedor, señora Mason? --dijo Dudley,
ofreciendo su grueso brazo a una mujer invisible.
--¡Mi caballerito ideal! --suspiró tía Petunia.
--¿Y tú? --preguntó tío Vernon a Harry con brutalidad.
--Me quedaré en mi dormitorio, sin hacer ruido para que no se note que
estoy --recitó Harry.
--Exacto. Bien, tendríamos que tener preparados algunos cumplidos para
la cena. Petunia, ¿sugieres alguno?
--Vernon me ha asegurado que es usted un jugador de golf excelente,
señor Mason... Dígame dónde ha comprado ese vestido, señora Mason...
--Perfecto... ¿Dudley?
--¿Qué tal: «En el colegio nos han mandado escribir una redacción sobre
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