deberes? Los Dursley eran lo que los magos llamaban muggles, es decir, que
no tenían ni una gota de sangre mágica en las venas, y para ellos tener un
mago en la familia era algo completamente vergonzoso. Tío Vernon había
incluso cerrado con candado la jaula de Hedwig, la lechuza de Harry, para que
no pudiera llevar mensajes a nadie del mundo mágico.
Harry no se parecía en nada al resto de la familia. Tío Vernon era
corpulento, carecía de cuello y llevaba un gran bigote negro; tía Petunia tenía
cara de caballo y era huesuda; Dudley era rubio, sonrosado y gordo. Harry, en
cambio, era pequeño y flacucho, con ojos de un verde brillante y un pelo negro
azabache siempre alborotado. Llevaba gafas redondas y en la frente tenía una
delgada cicatriz en forma de rayo.
Era esta cicatriz lo que convertía a Harry en alguien muy especial, incluso
entre los magos. La cicatriz era el único vestigio del misterioso pasado de Harry
y del motivo por el que lo habían dejado, hacia once años, en la puerta de los
Dursley.
A la edad de un año, Harry había sobrevivido milagrosamente a la
maldición del hechicero tenebroso más importante de todos los tiempos, lord
Voldemort, cuyo nombre muchos magos y brujas aún temían pronunciar. Los
padres de Harry habían muerto en el ataque de Voldemort, pero Harry se había
librado, quedándole la cicatriz en forma de rayo. Por alguna razón desconocida,
Voldemort había perdido sus poderes en el mismo instante en que había
fracasado en su intento de matar a Harry.
De forma que Harry se había criado con sus tíos maternos. Había pasado
diez años con ellos sin comprender por qué motivo sucedían cosas raras a su
alrededor, sin que él hiciera nada, y creyendo la versión de los Dursley, que le
habían dicho que la cicatriz era consecuencia del accidente de automóvil que
se había llevado la vida de sus padres.
Pero más adelante, hacía exactamente un año, Harry había recibido una
carta de Hogwarts y así se había enterado de toda la verdad. Ocupó su plaza
en el colegio de magia, donde tanto él como su cicatriz se hicieron famosos...;
pero el curso escolar había acabado y él se encontraba otra vez pasando el
verano con los Dursley, quienes lo trataban como a un perro que se hubiera
revolcado en estiércol.
Los Dursley ni siquiera se habían acordado de que aquel día Harry cumplía
doce años. No es que él tuviera muchas esperanzas, porque nunca le habían
hecho un regalo como Dios manda, y no digamos una tarta... Pero de ahí a ol-
vidarse completamente...
En aquel instante, tío Vernon se aclaró la garganta con afectación y dijo:
--Bueno, como todos sabemos, hoy es un día muy importante.
Harry levantó la mirada, incrédulo.
--Puede que hoy sea el día en que cierre el trato más importante de toda
mi vida profesional --dijo tío Vernon.
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