--¡Me refería a «por favor»! --dijo Harry inmediatamente--. No me refería
a...
--¿QUÉ TE TENGO DICHO --bramó el tío, rociando saliva por toda la
mesa-- ACERCA DE PRONUNCIAR LA PALABRA CON «M» EN ESTA
CASA?
--Pero yo...
--¡CÓMO TE ATREVES A ASUSTAR A DUDLEY! --dijo furioso tío
Vernon, golpeando la mesa con el puño.
--Yo sólo...
--¡TE LO ADVERTÍ! ¡BAJO ESTE TECHO NO TOLERARÉ NINGUNA
MENCIÓN A TU ANORMALIDAD!
Harry miró el rostro encarnado de su tío y la cara pálida de su tía, que
trataba de levantar a Dudley del suelo.
--De acuerdo --dijo Harry--, de acuerdo...
Tío Vernon volvió a sentarse, resoplando como un rinoceronte al que le
faltara el aire y vigilando estrechamente a Harry por el rabillo de sus ojos
pequeños y penetrantes.
Desde que Harry había vuelto a casa para pasar las vacaciones de verano,
tío Vernon lo había tratado como si fuera una bomba que pudiera estallar en
cualquier momento; porque Harry no era un muchacho normal. De hecho, no
podía ser menos normal de lo que era.
Harry Potter era un mago..., un mago que acababa de terminar el primer
curso en el Colegio Hogwarts de Magia. Y si a los Dursley no les gustaba que
Harry pasara con ellos las vacaciones, su desagrado no era nada comparado
con el de su sobrino.
Añoraba tanto Hogwarts que estar lejos de allí era como tener un dolor de
estómago permanente. Añoraba el castillo, con sus pasadizos secretos y sus
fantasmas; las clases (aunque quizá no a Snape, el profesor de Pociones); las
lechuzas que llevaban el correo; los banquetes en el Gran Comedor; dormir en
su cama con dosel en el dormitorio de la torre; visitar a Hagrid, el
guardabosques, que vivía en una cabaña en las inmediaciones del bosque
prohibido; y, sobre todo, añoraba el quidditch, el deporte más popular en el
mundo mágico, que se jugaba con seis altos postes que hacían de porterías,
cuatro balones voladores y catorce jugadores montados en escobas.
En cuanto Harry llegó a la casa, tío Vernon le guardó en un baúl bajo llave,
en la alacena que había bajo la escalera, todos sus libros de hechizos, la varita
mágica, las túnicas, el caldero y la escoba de primerísima calidad, la Nimbus
2.000. ¿Qué les importaba a los Dursley si Harry perdía su puesto en el equipo
de quidditch de Gryffindor por no haber practicado en todo el verano? ¿Qué
más les daba a los Dursley si Harry volvía al colegio sin haber hecho los
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