--Sí, ¿y no me dijiste que sabías con seguridad qué era lo que había
dentro? --añadió el profesor Flitwick.

--¿Yo...? No recuerdo...

--Ciertamente, yo sí recuerdo que lamentabas no haber tenido una
oportunidad de enfrentarte al monstruo antes de que arrestaran a Hagrid --dijo
Snape--. ¿No decías que el asunto se había llevado mal, y que deberíamos
haberlo dejado todo en tus manos desde el principio?

Lockhart miró los rostros pétreos de sus colegas.

--Yo..., yo nunca realmente... Debéis de haberme interpretado mal...

--Lo dejaremos todo en tus manos, Gilderoy --dijo la profesora
McGonagall--. Esta noche será una ocasión excelente para llevarlo a cabo.
Nos aseguraremos de que nadie te moleste. Podrás enfrentarte al monstruo tú
mismo. Por fin está en tus manos.

Lockhart miró en torno, desesperado, pero nadie acudió en su auxilio. Ya
no resultaba tan atractivo. Le temblaba el labio, y en ausencia de su sonrisa
radiante, parecía flojo y debilucho.

--Mu-muy bien --dijo--. Estaré en mi despacho, pre-preparándome.

Y salió de la sala.

--Bien --dijo la profesora McGonagall, resoplando--, eso nos lo quitará de
delante. Los Jefes de las Casas deberían ir ahora a informar a los alumnos de
lo ocurrido. Decidles que el expreso de Hogwarts los conducirá a sus hogares
mañana a primera hora de la mañana. A los demás os ruego que os encarguéis
de aseguraros de que no haya ningún alumno fuera de los dormitorios.

Los profesores se levantaron y fueron saliendo de uno en uno.




Aquél fue, seguramente, el peor día de la vida de Harry. Él, Ron, Fred y George
se sentaron juntos en un rincón de la sala común de Gryffindor, incapaces de
pronunciar palabra. Percy no estaba con ellos. Había enviado una lechuza a
sus padres y luego se había encerrado en su dormitorio.

Ninguna tarde había sido tan larga como aquélla, y nunca la torre de
Gryffindor había estado tan llena de gente y tan silenciosa a la vez. Cuando
faltaba poco para la puesta de sol, Fred y George se fueron a la cama,
incapaces de permanecer allí sentados más tiempo.

--Ella sabía algo, Harry --dijo Ron, hablando por primera vez desde que
entraran en el ropero de la sala de profesores--. Por eso la han raptado. No se
trataba de ninguna estupidez sobre Percy; había averiguado algo sobre la Cá-


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