--No podemos correr más riesgos --les dijo severamente la señora
Pomfrey a través de la puerta entreabierta--. No, lo siento, hay demasiado
peligro de que pueda volver el agresor para acabar con esta gente.
Ahora que Dumbledore no estaba, el miedo se había extendido más aún, y
el sol que calentaba los muros del castillo parecía detenerse en las ventanas
con parteluz. Apenas se veía en el colegio un rostro que no expresara tensión y
preocupación, y si sonaba alguna risa en los corredores, parecía estridente y
antinatural, y enseguida era reprimida.
Harry se repetía constantemente las últimas palabras de Dumbledore:
«Sólo abandonaré de verdad el colegio cuando no me quede nadie fiel. Y
Hogwarts siempre ayudará al que lo pida.» Pero ¿con qué finalidad había dicho
aquellas palabras? ¿A quién iban a pedir ayuda, cuando todo el mundo estaba
tan confundido y asustado como ellos?
La indicación de Hagrid sobre las arañas era bastante más fácil de
comprender. El problema era que no parecía haber quedado en el castillo ni
una sola araña a la que seguir. Harry las buscaba adondequiera que iba, y Ron
lo ayudaba a regañadientes. Además se añadía la dificultad de que no les
dejaban ir solos a ningún lado, sino que tenían que desplazarse siempre en
grupo con los alumnos de Gryffindor. La mayoría de los estudiantes parecían
agradecer que los profesores los acompañaran siempre de clase en clase, pero
a Harry le resultaba muy fastidioso.
Había una persona, sin embargo, que parecía disfrutar plenamente de
aquella atmósfera de terror y recelo. Draco Malfoy se pavoneaba por el colegio
como si acabaran de darle el Premio Anual. Harry no comprendió por qué
Malfoy se sentía tan a gusto hasta que, unos quince días después de que se
hubieran ido Dumbledore y Hagrid, estando sentado detrás de él en clase de
Pociones, le oyó regodearse de la situación ante Crabbe y Goyle:
--Siempre pensé que mi padre sería el que echara a Dumbledore --dijo,
sin preocuparse de hablar en voz baja--. Ya os dije que él opina que
Dumbledore ha sido el peor director que ha tenido nunca el colegio. Quizá
ahora tengamos un director decente, alguien que no quiera que se cierre la Cá-
mara de los Secretos. McGonagall no durará mucho, sólo está de forma
provisional...
Snape pasó al lado de Harry sin hacer ningún comentario sobre el asiento
y el caldero solitarios de Hermione.
--Señor --dijo Malfoy en voz alta--, señor, ¿por qué no solicita usted el
puesto de director?
--Venga, venga, Malfoy --dijo Snape, aunque no pudo evitar sonreír con
sus finos labios--. El profesor Dumbledore sólo ha sido suspendido de sus
funciones por el consejo escolar. Me atrevería a decir que volverá a estar con
nosotros muy pronto.
--Ya --dijo Malfoy, con una sonrisa de complicidad--. Espero que mi
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