Era Colin Creevey. Tenía los ojos muy abiertos y sus manos sujetaban la
cámara de fotos encima del pecho.

--¿Petrificado? --susurró la señora Pomfrey.

--Sí --dijo la profesora McGonagall--. Pero me estremezco al pensar... Si
Albus no hubiera bajado por chocolate caliente, quién sabe lo que podría
haber...

Los tres miraban a Colin. Dumbledore se inclinó y desprendió la cámara de
fotos de las manos rígidas de Colin.

--¿Cree que pudo sacar una foto a su atacante? --le preguntó la profesora
McGonagall con expectación.

Dumbledore no respondió. Abrió la cámara.

--¡Por favor! --exclamó la señora Pomfrey.

Un chorro de vapor salió de la cámara. A Harry, que se encontraba tres
camas más allá, le llegó el olor agrio del plástico quemado.

--Derretido --dijo asombrada la señora Pomfrey--. Todo derretido...

--¿Qué significa esto, Albus? --preguntó apremiante la profesora
McGonagall.

--Significa --contestó Dumbledore-- que es verdad que han abierto de
nuevo la Cámara de los Secretos.

La señora Pomfrey se llevó una mano a la boca. La profesora McGonagall
miró a Dumbledore fijamente.

--Pero, Albus..., ¿quién...?

--La cuestión no es quién --dijo Dumbledore, mirando a Colin--; la
cuestión es cómo.

Y a juzgar por lo que Harry pudo vislumbrar de la expresión sombría de la
profesora McGonagall, ella no lo comprendía mejor que él.




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