--Bueno, si vais a acobardaros los dos, pues vale --dijo. Tenía las mejillas
coloradas y los ojos más brillantes de lo normal--. Yo no quiero saltarme las
normas, ya lo sabéis, pero pienso que aterrorizar a los magos de familia
muggle es mucho peor que elaborar un poco de poción. Pero si no tenéis
interés en averiguar si el heredero es Malfoy, iré derecha a la señora Pince y le
devolveré el libro inmediatamente.
--No creí que fuera a verte nunca intentando persuadirnos de que
incumplamos las normas --dijo Ron--. Está bien, lo haremos, pero nada de
uñas de los pies, ¿vale?
--Pero ¿cuánto nos llevará hacerlo? --preguntó Harry, cuando Hermione,
satisfecha, volvió a abrir el libro.
--Bueno, como hay que coger la Descurainia sophia con luna llena, y los
crisopos han de cocerse durante veintiún días..., yo diría que podríamos tenerla
preparada en un mes, si podemos conseguir todos los ingredientes.
--¿Un mes? --dijo Ron--. ¡En ese tiempo, Malfoy puede atacar a la mitad
de los hijos de muggles! --Hermione volvió a entornar los ojos
amenazadoramente, y él añadió sin vacilar--: Pero es el mejor plan que
tenemos, así que adelante a toda máquina.
Sin embargo, mientras Hermione comprobaba que no había nadie a la
vista para poder salir del aseo, Ron susurró a Harry:
--Sería mucho más sencillo que mañana tiraras a Malfoy de la escoba.
Harry se despertó pronto el sábado por la mañana y se quedó un rato en la
cama pensando en el partido de quidditch. Se ponía nervioso, sobre todo al
imaginar lo que diría Wood si Gryffindor perdía, pero también al pensar que
tendrían que enfrentarse a un equipo que iría montado en las escobas de
carreras más veloces que había en el mercado. Nunca había tenido tantas
ganas de vencer a Slytherin. Después de estar tumbado media hora con las
tripas revueltas, se levantó, se vistió y bajó temprano a desayunar. Allí encontró
al resto del equipo de Gryffindor, apiñado en torno a la gran mesa vacía. Todos
estaban nerviosos y apenas hablaban.
Cuando faltaba poco para las once, el colegio en pleno empezó a dirigirse
hacia el estadio de quidditch. Hacía un día bochornoso que amenazaba
tormenta. Cuando Harry iba hacia los vestuarios, Ron y Hermione se acercaron
corriendo a desearle buena suerte. Los jugadores se vistieron sus túnicas rojas
de Gryffindor y luego se sentaron a recibir la habitual inyección de ánimo que
Wood les daba antes de cada partido.
--Los de Slytherin tienen mejores escobas que nosotros --comenzó--,
eso no se puede negar. Pero nosotros tenemos mejores jugadores sobre las
escobas. Hemos entrenado más que ellos y hemos volado bajo todas las
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