Dobby se estremeció.
--No, no, señor, no... Dobby tendría que castigarse muy severamente por
haber venido a verle, señor. Tendría que pillarse las orejas en la puerta del
horno, si llegaran a enterarse.
--Pero ¿no advertirán que se ha pillado las orejas en la puerta del horno?
--Dobby lo duda, señor. Dobby siempre se está castigando por algún
motivo, señor. Lo dejan de mi cuenta, señor. A veces me recuerdan que tengo
que someterme a algún castigo adicional.
--Pero ¿por qué no los abandona? ¿Por qué no huye?
--Un elfo doméstico sólo puede ser libertado por su familia, señor. Y la
familia nunca pondrá en libertad a Dobby... Dobby servirá a la familia hasta el
día que muera, señor.
Harry lo miró fijamente.
--Y yo que me consideraba desgraciado por tener que pasar otras cuatro
semanas aquí --dijo--. Lo que me cuenta hace que los Dursley parezcan
incluso humanos. ¿Y nadie puede ayudarle? ¿Puedo hacer algo?
Casi al instante, Harry deseó no haber dicho nada. Dobby se deshizo de
nuevo en gemidos de gratitud.
--Por favor --susurró Harry desesperado--, por favor, no haga ruido. Si
los Dursley le oyen, si se enteran de que está usted aquí...
--Harry Potter pregunta si puede ayudar a Dobby... Dobby estaba al tanto
de su grandeza, señor, pero no conocía su bondad...
Harry, consciente de que se estaba ruborizando, dijo:
--Sea lo que fuere lo que ha oído sobre mi grandeza, no son más que
mentiras. Ni siquiera soy el primero de la clase en Hogwarts, es Hermione,
ella...
Pero se detuvo enseguida, porque le dolía pensar en Hermione.
--Harry Potter es humilde y modesto --dijo Dobby, respetuoso. Le
resplandecían los ojos grandes y redondos--. Harry Potter no habla de su
triunfo sobre El-que-no-debe-ser-nombrado.
--¿Voldemort? --preguntó Harry.
Dobby se tapó los oídos con las manos y gimió:
--¡Señor, no pronuncie ese nombre! ¡No pronuncie ese nombre!
--¡Perdón! --se apresuró a decir--. Sé de muchísima gente a la que no le
gusta que se diga..., mi amigo Ron...
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