De pronto, la serpiente abrió sus ojillos, pequeños y brillantes como
cuentas. Lenta, muy lentamente, levantó la cabeza hasta que sus ojos
estuvieron al nivel de los de Harry.

Guiñó un ojo.

Harry la miró fijamente. Luego echó rápidamente un vistazo a su alrededor,
para ver si alguien lo observaba. Nadie le prestaba atención. Miró de nuevo a la
serpiente y también le guiñó un ojo.

La serpiente torció la cabeza hacia tío Vernon y Dudley, y luego levantó los
ojos hacia el techo. Dirigió a Harry una mirada que decía claramente:

--Me pasa esto constantemente.

--Lo sé --murmuró Harry a través del vidrio, aunque no estaba seguro de
que la serpiente pudiera oírlo--. Debe de ser realmente molesto.

La serpiente asintió vigorosamente.

--A propósito, ¿de dónde vienes? --preguntó Harry

La serpiente levantó la cola hacia el pequeño cartel que había cerca del
vidrio. Harry miró con curiosidad.

«Boa Constrictor, Brasil.»

--¿Era bonito aquello?

La boa constrictor volvió a señalar con la cola y Harry leyó: «Este
espécimen fue criado en el zoológico».

--Oh, ya veo. ¿Entonces nunca has estado en Brasil?

Mientras la serpiente negaba con la cabeza, un grito ensordecedor detrás
de Harry los hizo saltar.

--¡DUDLEY! ¡SEÑOR DURSLEY! ¡VENGAN A VER A LA SERPIENTE!
¡NO VAN A CREER LO QUE ESTÁ HACIENDO!

Dudley se acercó contoneándose, lo más rápido que pudo.

--Quita de en medio --dijo, golpeando a Harry en las costillas. Cogido por
sorpresa, Harry cayó al suelo de cemento. Lo que sucedió a continuación fue
tan rápido que nadie supo cómo había pasado: Piers y Dudley estaban
inclinados cerca del vidrio, y al instante siguiente saltaron hacia atrás aullando
de terror.

Harry se incorporó y se quedó boquiabierto: el vidrio que cerraba el
cubículo de la boa constrictor había desaparecido. La descomunal serpiente se
había desenrollado rápidamente y en aquel momento se arrastraba por el
suelo. Las personas que estaban en la casa de los reptiles gritaban y corrían



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