--Vete.

--Muy bien, pero os he avisado. Recordad todo lo que os he dicho cuando
estéis en el tren volviendo a casa mañana. Sois tan...

Pero lo que eran no lo supieron. Hermione había retrocedido hasta el
retrato de la Dama Gorda, para volver; y descubrió que la tela estaba vacía. La
Dama Gorda se había ido a una visita nocturna y Hermione estaba encerrada,
fuera de la torre de Gryffindor.

--¿Y ahora qué voy a hacer? --preguntó con tono agudo.

--Ése es tu problema --dijo Ron--. Nosotros tenemos que irnos o
llegaremos tarde.

No habían llegado al final del pasillo cuando Hermione los alcanzó.

--Voy con vosotros --dijo.

--No lo harás.

--¿No creeréis que me voy a quedar aquí, esperando a que Filch me
atrape? Si nos encuentra a los tres, yo le diré la verdad, que estaba tratando de
deteneros, y vosotros me apoyaréis.

--Eres una caradura --dijo Ron en voz alta.

--Callaos los dos --dijo Harry en tono cortante--. He oído algo.

Era una especie de respiración.

--¿La Señora Norris? --resopló Ron, tratando de ver en la oscuridad.

No era la Señora Norris. Era Neville. Estaba enroscado en el suelo, medio
dormido, pero se despertó súbitamente al oírlos.

--¡Gracias a Dios que me habéis encontrado! Hace horas que estoy aquí.
No podía recordar el nuevo santo y seña para irme a la cama.

--No hables tan alto, Neville. El santo y seña es «hocico de cerdo», pero
ahora no te servirá, porque la Dama Gorda se ha ido no sé dónde.

--¿Cómo está tu muñeca? --preguntó Harry

--Bien --contestó, enseñándosela--. La señora Pomfrey me la arregló en
un minuto.

--Bueno, mira, Neville, tenemos que ir a otro sitio. Nos veremos más
tarde...

--¡No me dejéis! --dijo Neville, tambaléandose--. No quiero quedarme
aquí solo. El Barón Sanguinario ya ha pasado dos veces.



109

109