POLONIO.- Haced lo que os parezca, señor; pero si lo juzgáis a
propósito, sería bien que la Reina retirada a solas con él, luego que se
acabe el espectáculo, le inste a que la manifieste sus penas, hablándole
con entera libertad. Yo, si lo permitís, me pondré en paraje de donde
pueda oír toda la conversación. Si no logra su madre descubrir este
arcano, enviadle a Inglaterra, o desterradle a donde vuestra prudencia os
dicte.
CLAUDIO.- Así se hará. La locura de los poderosos debe ser
examinada con escrupulosa atención.
Escena VIII
HAMLET Y DOS CÓMICOS
(103)
Salón del Palacio.
(104)
HAMLET.- Dirás este pasaje en la forma que te le he
declamado yo: con soltura de lengua, no con voz desentonada, como lo
hacen muchos de nuestros Cómicos; más valdría entonces dar mis
versos al Pregonero para que los dijese. Ni manotees así, acuchillando
el aire: moderación en todo; puesto que aun en el torrente, la tempestad,
y por mejor decir, el huracán de las pasiones, se debe conservar aquella
templanza que hace suave y elegante la expresión. A mí me desazona en
extremo ver a un hombre, muy cubierta la cabeza con su cabellera, que
a fuerza de gritos estropea los afectos que quiere exprimir, y rompe y
desgarra los oídos del vulgo rudo; que sólo gusta de gesticulaciones
insignificantes y de estrépito. Yo mandaría azotar a un energúmeno de
tal especie: Herodes de farsa, más furioso que el mismo Herodes. Evita,
evita este vicio.
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