(52)
HAMLET.- No existe en toda Dinamarca un infame..., que no
sea un gran malvado.
HORACIO.- Pero, no era necesario, señor, que un muerto saliera del
sepulcro a persuadirnos esa verdad.
HAMLET.- Sí, cierto, tenéis razón, y por eso mismo, sin tratar más
del asunto, será bien despedirnos y separarnos; vosotros a donde
vuestros negocios o vuestra inclinación os lleven..., que todos tienen su
inclinaciones, y negocios, sean los que sean; y yo, ya lo sabéis, a mi
triste ejercicio. A rezar.
HORACIO.- Todas esas palabras, señor, carecen de sentido y orden.
HAMLET.- Mucho me pesa de haberos ofendido con ellas, sí por
cierto, me pesa en el alma.
HORACIO.- ¡Oh! Señor, no hay ofensa ninguna.
(53)
HAMLET.- Sí, por San Patricio , que sí la hay y muy grande,
Horacio... En cuanto a la aparición... Es un difunto venerable... Sí, yo os
lo aseguro... Pero, reprimid cuanto os fuese posible el deseo de saber lo
que ha pasado entre él y yo. ¡Ah! ¡Mis buenos amigos! Yo os pido, pues
sois mis amigos y mis compañeros en el estudio y en las armas, que me
concedáis una corta merced.
HORACIO.- Con mucho gusto, señor, decid cual sea.
HAMLET.- Que nunca revelaréis a nadie lo que habéis visto esta
noche.
LOS DOS.- A nadie lo diremos.
HAMLET.- Pero es menester que lo juréis.
HAMLET.- Os doy mi palabra de no decirlo.
MARCELO.- Yo os prometo lo mismo.
HAMLET.- Sobre mi espada.
MARCELO.- Ved que ya lo hemos prometido.
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