tomase alguna otra forma horrible, capaz de impediros el uso de la
razón, y enajenarla con frenesí... ¡Ay! ved lo que hacéis. El lugar sólo
inspira ideas melancólicas a cualquiera que mire la enorme distancia
desde aquella cumbre al mar, y sienta en la profundidad su bramido
ronco.
(46)
HAMLET.- Todavía me llama... Camina. Ya te sigo .
MARCELO.- No señor, no iréis.
HAMLET.- Dejadme.
HORACIO.- Creedme, no le sigáis.
HAMLET.- Mis hados me conducen y prestan a la menor fibra de mi
cuerpo la nerviosa robustez del león de Nemea. Aún me llama...
Señores, apartad esas manos... Por Dios..., o quedará muerto a las mías
el que me detenga. Otra vez te digo que andes, que voy a seguirte.
Escena XI
HORACIO, MARCELO
HORACIO.- Su exaltada imaginación le arrebata.
MARCELO.- Sigámosle, que en esto no debemos obedecerle.
HORACIO.- Sí, vamos detrás de él... ¿Cuál será el fin de este
suceso?
MARCELO.- Algún grave mal se oculta en Dinamarca.
HORACIO.- Los Cielos dirigirán el éxito.
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