CLAUDIO.- Elige el tiempo que te parezca más oportuno para salir,
y haz cuanto gustes y sea más conducente a tu felicidad. Y tú, Hamlet,
¡mi deudo, mi hijo!
(21)
HAMLET.- Algo más que deudo, y menos que amigo .
CLAUDIO.- ¿Qué sombras de tristeza te cubren siempre?
HAMLET.- Al contrario, señor, estoy demasiado a la luz.
GERTRUDIS.- Mi buen Hamlet, no así tu semblante manifieste
aflicción; véase en él que eres amigo de Dinamarca; ni siempre con
abatidos párpados busques entre el polvo a tu generoso padre. Tú lo
sabes, común es a todos, el que vive debe morir, pasando de la
naturaleza a la eternidad.
HAMLET.- Sí señora, a todos es común.
GERTRUDIS.- Pues si lo es, ¿por qué aparentas tan particular
sentimiento?
HAMLET.- ¿Aparentar? No señora, yo no sé aparentar. Ni el color
negro de este manto, ni el traje acostumbrado en solemnes lutos, ni los
interrumpidos sollozos, ni en los ojos un abundante río, ni la dolorida
expresión del semblante, junto con las fórmulas, los ademanes, las
exterioridades de sentimiento; bastarán por sí solos, mi querida madre, a
manifestar el verdadero afecto que me ocupa el ánimo. Estos signos
aparentan, es verdad; pero son acciones que un hombre puede fingir...
(22)
Aquí, aquí dentro tengo lo que es más que apariencia, lo restante no
es otra cosa que atavíos y adornos del dolor.
(23)
CLAUDIO.- Bueno y laudable es que tu corazón pague a un
padre esa lúgubre deuda, Hamlet; pero, no debes ignorarlo, tu padre
perdió un padre también y aquel perdió el suyo. El que sobrevive, limita
la filial obligación de su obsequiosa tristeza a un cierto término; pero
continuar en interminable desconsuelo, es una conducta de obstinación
impía. Ni es natural en el hombre tan permanente afecto; que anuncia
una voluntad rebelde a los decretos de la Providencia, un corazón débil,
un alma indócil, un talento limitado y falto de luces. ¿Será bien que el
corazón padezca, queriendo neciamente resistir a lo que es y debe ser
inevitable, a lo que es tan común como cualquiera de las cosas que más
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