beligerancia, por su incapacidad para conducir hábilmente a los empleados. El aprendizaje que realizó no
solamente lo salvó del descenso a los 65 años de edad, sino que le produjo un ascenso, con mayor sueldo.
En muchas ocasiones, en los banquetes servidos al terminar cada curso, me han dicho los cónyuges que
sus hogares son mucho más felices desde que sus maridos o mujeres iniciaron este entrenamiento.
Con frecuencia se asombran los participantes por los resultados que consiguen. Parece cosa de magia. En
algunos casos, llenos de entusiasmo, me han hablado a casa un domingo, porque no podían esperar d os
días para informarme de sus realizaciones en la clase regular del curso.
Un hombre quedó tan impresionado por una charla sobre estos principios, que se quedó comentándolos
con otros miembros de su clase hasta altas horas de la noche. A las tres de la mañana, los otros se fueron a
sus casas. Pero él estaba tan conmovido por la comprensión de sus errores, tan inspirado por la visión de un
mundo nuevo y más rico que se abría ante él, que no pudo dormir. No durmió esa noche, ni al día siguiente
ni la otra noche.
¿Quién era? ¿Un individuo ingenuo, sin educación, dispuesto a estallar de entusiasmo ante cada nueva
teoría que se le presentara? No. Lejos de ello. Era un comerciante refinado, un hombre culto, moderno, que
circula por los mejores ambientes de la ciudad, que habla corrientemente tres idiomas y tiene diplomas de
dos universidades europeas.
Mientras escribo este capítulo me llega una carta de un alemán de la vieja escuela, un aristócrata cuyos
antepasados sirvieron durante generaciones como oficiales del ejército a las órdenes de los Hohenzollern.
Su carta, escrita desde un transatlántico, me habla casi con fervor religioso de la aplicación de estos
principios en su caso.
Otro hombre, nacido en Nueva York, graduado en Harvard, acaudalado, dueño de una gran fábrica de
alfombras, me declaraba que ha aprendido más en catorce semanas, gracias a este sistema de
enseñanza del arte de influir sobre la gente, que lo que pudo aprender sobre el mismo tema en sus cuatro
años de universidad. ¿Absurdo? ¿Irrisorio? ¿Fantástico? Es claro que el lector está autorizado para
rechazar esa afirmación con el adjetivo que desee. Yo sólo repito, sin comentarios, una declaración hecha
por un graduado de Harvard, conservador y eminentemente próspero, en un discurso público pronunciado
ante aproximadamente seiscientos hombres, en el Yale Club de Nueva York, el 23 de febrero de 1933.
"En comparación con lo que deberíamos ser -decía el famoso profesor William James, de la Universidad
de Harvard-, sólo estamos despiertos a medias. Sólo empleamos una pequeña parte de nuestros recursos
físicos y mentales. En términos generales, el individuo vive así muy dentro de sus límites Posee
cualidades de diversas especies que habitualmente no usa."
¡Esas cualidades que habitualmente no se usan! El único propósito de este libro es ayudar al lector a
que descubra, desarrolle y aproveche esos poderes latentes que no emplea.
"La educación -decía el Dr. John G. Hibben, ex presidente de la Universidad de Princeton- es la
capacidad para afrontar las situaciones que plantea la vida."
Si para cuando el lector haya terminado de leer los tres primeros capítulos de este libro no se encuentra
algo mejor equipado para afrontar las situaciones que plantea la vida, consideraré que este libro es un
fracaso completo, por cuanto atañe al lector. Porque "el gran objetivo de la educación -dijo Herbert
Spencer- no es el conocimiento, sino la acción".
Y éste es un libro de acción.
DALE CARNEGIE
1936

NUEVE SUGERENCIAS SOBRE LA MANERA DE OBTENER UN MAYOR BENEFICIO DE ESTE LIBRO

1. - Si quiere usted obtener el mayor beneficio de este libro, hay un requerimiento indispensable, un
principio esencial mucho más importante que todas las reglas técnicas. A menos que satisfaga usted
este requisito fundamental, de poco le servirán muchas reglas sobre la forma de estudiar. Y si tiene ese
don cardinal, podrá lograr resultados maravillosos sin leer siquiera las . indicaciones que hago.
¿Cuál es este requisito mágico? Nada más que esto: un profundo, impulsivo deseo de aprender, una
vigorosa decisión de aumentar su capacidad para tratar con la gente.
¿Cómo se puede lograr ese impulso? Recordando constantemente cuán importantes son estos
principios. Piense usted cómo contribuirá su dominio a llevarle a obtener una vida más feliz, rica, plena.
Diciéndose una y otra vez: "Mi popularidad, mi felicidad y mi valor dependen en grado no pequeño, de
mi habilidad para tratar con la gente".
2. - Léase cada capítulo rápidamente al principio para lograr una visión a ojo de pájaro. Es probable
que después se sienta tentado a correr al capítulo siguiente. Pero no lo haga así. A menos que lea
solamente por entretenerse. Pero si lee porque quiere aumentar su habilidad en las relaciones
humanas, vuelva atrás y relea detenidamente cada capítulo. A la larga, esto significa un ahorro de tiempo
y la obtención de mayores resultados.
3. - Deténgase frecuentemente en la lectura para pensar en lo que está leyendo. Pregúntese cómo y
cuándo puede aplicar cada sugerencia.
4. - Lea con un lápiz rojo, un bolígrafo resaltador o una pluma en_la mano; y cuando encuentre una
indicación que a su juicio puede usar, trace una línea en el margen. Si es una indicación excelente,
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