hasta la más lúcida locura, a los códigos de su cultura, de su tiempo y lugar. Es, otra
vez, la multiplicidad de esos códigos, las variadas dimensiones de los mismos la que
Borges utiliza con extraordinaria maestría para dejarnos atrapados en una libertad
infinita.
Prologar a Borges resulta muy difícil cuando Borges es el prólogo de uno mismo, y es
eso exactamente lo que le ocurre a este prologuista. Quizás la tarea que se propuso
Pierre Menard al tratar de escribir el Quijote no sea tan extraña, uno se ve muchas
veces haciendo cosas parecidas a la que intentó Menard, como ocurre ahora. El lector
debe estar tranquilo, porque él es el verdadero héroe de la obra de Borges, una obra
que es una aventura que debe vivir como quiere el autor cuando dice: «Así combatieron
los héroes, tranquilo el admirable corazón, violenta la espada, resignados a matar y a
morir».

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