Prólogo
José Luis Rodríguez Zapatero
El lector que tiene en sus manos Ficciones es una persona en la frontera, un ser
humano que está a punto de abandonar el mundo seguro y confortable del que está
hecha la vida cotidiana para adentrarse en un territorio absolutamente nuevo. Borges
descubre en su obra, o quizás inventa, otra dimensión de lo real. Con seguridad el
título, que nos sugiere la idea de mundos imaginados y puramente ilusorios, es sólo
una sutil ironía del autor, una más, que nos señala lo terrible y maravillosamente real
de sus argumentos. Después de leer a Borges el mundo real multiplica sus
dimensiones y el lector, como un viajero romántico, vuelve más sabio, más pleno, o lo
que es lo mismo, ya nunca vuelve del todo.
Ficciones es una de las más esenciales e inolvidables obras de Borges. En ella se
resumen los principales temas, los intereses intelectuales más queridos del autor. En
todas las historias de este libro el tiempo es, de un modo u otro, un personaje central.
También lo es la literatura, los libros. Libros en los que está escrito el destino de los
hombres y que por eso son a la par tan necesarios como inútiles. También el destino es
una preocupación borgiana, un destino que no es más que el reconocimiento de que
nuestros afanes e inquietudes, que aquello que nos parece incierto, que sólo es un
deseo o un temor, tiene otra cara, una cara cierta, cerrada. Lo que en el anverso es
azar, en el reverso es necesidad.
Quizás, entre las cosas admirables de Borges, la que más me impresiona es su
extraña mezcla de pasión y escepticismo, esa mezcla de la que en distinta proporción y
cantidad estarnos hechos los seres humanos, pero que en el caso de nuestro autor se
dan en un equilibrio y abundancia cuya mejor prueba es su obra.
Durante un tiempo, cuando era más joven, estuve enfermo de Borges, todavía no
estoy seguro de haberme curado. Cuando uno enferma de Borges se pregunta por qué
la gente sigue, seguimos, escribiendo. Todo está en Borges y él lo sabe. Cuando leernos
La biblioteca de Babel no podemos evitar la sensación de que en esas pocas páginas
están contenidos todos los libros que los hombres han escrito y escribirán, además de
todos los restantes, que son la infinita mayoría. Las ruinas circulares son otro ejercicio
de la más espléndida metafísica, y uno no sabe cómo salir del sueño que nos propone,
realmente el lector ya nunca sale de ese sueño, salvo a través del olvido, pero el olvido
no está en las manos del lector, no forma parte de su poder.
Es posible que Borges me fulminara con una de esas bellísimas y mortales críticas
que podemos leer en sus libros, pero diré que en algún momento llegué a pensar que
cada página suya contiene toda su obra, como uno de esos objetos fractales que
repiten su estructura creando geometrías tan hermosas como extrañas. Pero este
parecido concluye en la forma, Borges nos da más, los textos de Borges no son
amorales, sus héroes son héroes morales, que se someten, a veces hasta la locura,
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