FAUSTO


Oblígome a servirte aquí, a la menor indicación tuya, sin
darme paz ni reposo; cuando nos encontremos otra vez más
allá, tú has de hacer otro tanto conmigo.

FAUSTO
Poco puede inquietarme el más allá. Convierte primero en
ruinas este mundo, y venga después el otro en buena hora.
De esta tierra dimanan mis goces, y este sol alumbra mis
pesares. Si algún día consigo arrancarme de ellos, entonces
venga lo que viniere; si en el mundo venidero también se
ama o se odia, y si igualmente hay en esas esferas un arriba y
un abajo, no quiero, saber de ello nada más.

MEFISTÓFELES
En tal disposición de ánimo puedes arriesgar la cosa.
Oblígate; estos días verás con placer: mis artificios. Doite lo
que todavía no ha visto ningún mortal.

FAUSTO
¿Que puedes darme, pobre diablo? El espíritu humano,
en sus altas aspiraciones, ¿ha sido acaso nunca comprendido
por tus semejantes? Sí, tú tienes un manjar que no sacía;
tienes oro bermejo que, como el azogue, sin cesar se escurre
de la mano; un juego en el cual nunca se gana; una joven que,
reclinada sobre mi pecho, por medio de guiños se entiende
ya con el vecino; la gloria, bello placer de los dioses, que se
desvanece cual fugaz meteoro. Muéstrame el fruto que se



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