JOHAN WOLFGANG GOETHE
los sutiles es-píritus, las bellas imágenes que produzcan, no
son vano juego de pres-tigio. También se recreará tu olfato y
deleitarás tu paladar, y entonces tu alma quedará embelesada.
No es menester preparación alguna de antemano. Nos
hallamos reunidos ya. Empezad.
CORO DE ESPÍRITUS
Desvaneceos, altas y sombrías bóvedas. Que aquí dentro,
más embelesador, mire risueño el éter azul. Disípense las
oscuras nubes. Centellean las estrellitas, y soles más suaves
lucen entre ellas. La belleza espiritual de los hijos del cielo, en
su vacilante curso, pasa cerniéndose en el aire. El ardiente
anhelo sigue más allá, y las ondulantes cintas de las vestiduras
cubren los campos, ocultan la enramada, donde,
embebecidos los amantes, se entregan uno a otro por la vida.
¡Emparrado junto al emparrado! ¡Sarmientos fecundos! El
pesado racimo cae en la cavidad de la prensa estrujadora;
precipítanse en arroyos los espumosos vinos y corren mur-
murando por entre límpi-das piedras preciosas; extíéndense
en forma de lagos alrededor de mul-titud de verdeantes
colinas, que en ellos se miran ufanas. Y el mundo alado
saborea delicias, vuela al encuentro del sol y de las
espléndidas islas que se mueven meciéndose sobre las ondas
y donde oímos alegres coros y vemos en las florestas
bailadores que se diseminan todos por la campiña. Algunos
trepan hasta llegar a las cumbres; otros surcan na-dando los
lagos; ciérnense otros en los aires, y todos corren hacia la
62
|
|