FAUSTO


bañado en ardientes lágrimas, sentía nacer un mundo para
mí. Este canto anunciaba los alegres juegos de la juven-tud,
la franca felicidad de las fiestas primaverales. Tal recuerdo,
impregnado de sentimiento infantil, me impide ahora dar el
último, el imponente paso. ¡Ah! Seguid sonando, dulces
cantos celestes. Brota una lágrima de mis ojos: la tierra se
enseñorea de mí otra vez.

CORO DE DISCÍPULOS
Excelso y lleno de vida, el Sepultado ha ascendido ya
glorioso a las alturas. En el goce de la nueva existencia, está
cercano a la felici-dad creadora, en tanto que nosotros ¡ay!
permanecemos en el seno de la tierra para sufrir. Nos ha
dejado abandonados, nosotros sus discí-pulos, que
languidecemos aquí abajo. ¡Ah, Maestro! lloramos tu
felicidad.
CORO DE ÁNGELES
Cristo ha resucitado del seno de la corrupción. Romped
gozosos vuestras cadenas. Para vosotros, que le glorificáis
con vuestras obras, que dáis pruebas de amor, que os partís el
pan como hermanos, que recorréis la tierra predicando a los
hombres y prometiéndoles la bienaventuranza, para vosotros
el Maestro está cerca, para vosotros ahí está.




35

34