JOHAN WOLFGANG GOETHE
¡Oh, amor mío! Ten por cierto que lo que llaman talento
es, a menudo, más bien fatuidad e inteligencia limitada.
MARGARITA
¡Cómo!
FAUSTO
¡Ah! ¡Qué la sencillez y la inocencia no se conozcan
nunca a sí mismas ni aprecien su sagrado valor! ¡Qué la
humanidad y la modestia, dones los más sublimes que
distribuye la bondadosa Naturaleza...!
MARGARITA
Pensad en mí sólo un breve instante; yo tendré tiempo
sobrado para pensar en vos.
FAUSTO
¿Sin duda estás sola mucho tiempo?
MARGARITA
Sí; poca cosa es el arreglo de la casa, pero así y todo, hay
que atender a él. No tenemos sirvienta; hay que cocinar,
barrer, hacer media, coser y no parar mañana ni tarde, y en
todas cosas ¡es tan minu-ciosa mi madre...! Y no es
precisamente que haya que reducirse tanto; podríamos vivir
con más desahogo que algunos otros. Mi padre dejó una
bonita fortuna, una casita y un pequeño huerto en las afueras
de la ciudad. A pesar de todo, paso ahora días bastante
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