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quieroleer El zahir Paulo Coelho
nada de tu país.
Voy contigo.
¿Qué?
Aquello no estaba en mis planes. Mi viaje era un retorno a todo lo que había perdido en mí
mismo, acabaría en algún lugar en las estepas de Asia y eso era algo íntimo, personal, sin
testigos.
Siempre que me pagues el pasaje, claro. Pero necesito ir a Kazajstán, echo de menos mi tie-
rra.
¿No tienes trabajo que hacer aquí? ¿No debes estar todos los jueves en el restaurante para el
espectáculo?
Insistes en llamarlo espectáculo. Ya te he dicho que se trata de una reunión, de revivir lo que
hemos perdido: la tradición de la conversación. Pero no te preocupes, Anastasia señaló a la
chica con un piercing en la nariz está desarrollando su don. Puede ocuparse de todo mientras
yo esté lejos.
Tiene celos dijo Alma, la señora que tocaba el instrumento de metal parecido a un plato y
que contaba historias al final de la «reunión».
Tiene sentido esta vez era otro chico, que usaba ropa de cuero, con adornos de metal, im-
perdibles y broches que imitaban hojas de afeitar. Mikhail es más joven, más guapo, está
más unido a la energía.
Es menos famoso, menos rico, está menos unido a los dueños del poder dijo Anastasia.
Desde el punto de vista femenino, las cosas están equilibradas, ambos tienen las mismas posi-
bilidades.
Todos rieron, la botella de vodka dio otra vuelta, yo fui el único que no le encontró ninguna
gracia. Pero me estaba sorprendiendo a mí mismo: hacía muchos años que no me sentaba en
el suelo de una calle de París, y eso me alegraba.
Por lo visto, la tribu es mayor de lo que vosotros imagináis. Está presente desde la torre Eif-
fel a la ciudad de Tarbes, donde he estado recientemente. No entiendo muy bien lo que está
ocurriendo.
Estoy seguro de que llega más lejos que a Tarbes, y sigue rutas tan interesantes como el ca-
mino de Santiago. Parten hacia algún lugar de Francia o de Europa, jurando que formarán par-
te de una sociedad fuera de la sociedad. Temen volver a sus casas un día, buscar un empleo,
casarse; lucharán contra eso el tiempo que sea posible. Son pobres y ricos, pero el dinero no
tiene demasiada importancia. Son completamente diferentes, y aun así, al pasar, la mayoría
fingen que no los ven, porque tienen miedo.
¿Es necesaria toda esta agresividad?
Es necesaria: la pasión de destruir es una pasión creadora. Si no son agresivos, pronto las
tiendas estarán llenas de ropa como ésa, las editoriales publicarán revistas especializadas en el
nuevo movimiento «que barre el mundo con sus costumbres revolucionarias», los programas
de televisión tendrán una sección dedicada a la tribu, los sociólogos escribirán tratados, los
psicólogos aconsejarán a las familias, y todo perderá su fuerza. Por tanto, cuanto menos se-
pan, mejor: nuestro ataque funciona como defensa.
Sólo he venido para pedirte alguna información, y nada más. Tal vez pasar la noche de hoy
en vuestra compañía sea algo realmente enriquecedor, que me ayude a apartarme aún más de
una historia personal que ya no me permite nuevas experiencias. Sin embargo, no tengo la in-
tención de llevar a nadie en mi viaje; si no consigo ayuda, el Banco de Favores se encargará
de todos los contactos necesarios. Por lo demás, me voy dentro de dos días; tengo una cena
importante mañana por la noche, pero después estoy libre durante dos semanas.
Mikhail pareció vacilar.
Tú decides: tienes el mapa, el nombre de la aldea, y no será difícil encontrar la casa en la que
se hospeda. Sin embargo, en mi opinión, el Banco de Favores puede ayudarte a llegar a Al-
maty, pero no te llevará más adelante porque las reglas de la estepa son otras. Y por lo que me
consta, he hecho algunos depósitos en el Banco de Favores, ¿no crees? Es hora de rescatarlos,
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