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quieroleer El zahir Paulo Coelho
vez mi corazón da un salto, veo en la pequeña pantalla los nombres de personas que me están
buscando, pero no atiendo a nadie. Ojalá apareciese un número «sin identificación»; sólo po-
dría ser ella, ya que este número de teléfono está restringido a poco más de veinte personas,
que han jurado no pasarlo jamás.
No aparece, todos son números de amigos o de profesionales muy allegados. Deben de querer
saber qué ha pasado, quieren ayudar (¿ayudar cómo?), saber si necesito algo.
El teléfono sigue sonando. ¿Debo contestar? ¿Debo verme con algunas de estas personas?
Decido permanecer solo hasta entender bien qué está pasando.
Llego al Bristol, que Esther siempre describía como uno de los pocos hoteles de París donde
los clientes son tratados como huéspedes y no como vagabundos en busca de cobijo. Me salu-
dan como si fuese alguien de la casa, escojo una mesa delante del bello reloj, escucho el pia-
no, miro el jardín allí fuera.
Tengo que ser práctico, estudiar las alternativas, la vida sigue adelante. No soy ni el primero,
ni el último hombre que ha sido abandonado por su mujer; pero ¿por qué tenía que pasar un
día de sol, con la gente en la calle sonriendo, los niños cantando, con las primeras señales de
la primavera, el sol brillando y los conductores respetando los pasos de cebra?
Cojo una servilleta, voy a sacarme todas estas ideas de la cabeza y a ponerlas sobre el papel.
Vamos a dejar los sentimientos de lado y ver qué debo hacer:
A) Considerar la posibilidad de que realmente haya sido secuestrada, su vida está en peligro
en este momento, soy su marido, su compañero de todos los momentos, tengo que mover cie-
lo y tierra para encontrarla.
Respuesta a esta posibilidad: falta su pasaporte. La policía no lo sabe, pero también faltan al-
gunos objetos de uso personal y una cartera con imágenes de santos protectores, que siempre
lleva consigo cuando viaja a otro país. Ha sacado dinero del banco.
Conclusión: se estaba preparando para marcharse.
B) Considerar la posibilidad de que haya creído en una promesa que ha terminado convir-
tiéndose en una trampa.
Respuesta: ha estado en situaciones peligrosas muchas veces; forma parte de su trabajo. Pero
siempre me prevenía, ya que yo era la única persona en quien podía confiar totalmente. Me
decía dónde debía estar, con quién iba a entrar en contacto (aunque, para no ponerme en peli-
gro, la mayoría de las veces usaba el nombre de guerra de la persona) y lo que debía hacer en
el caso de que ella no volviese a una hora determinada.
Conclusión: no tenía en mente una reunión con sus fuentes de información.
C) Considerar la posibilidad de que haya encontrado a otro hombre.
Respuesta: no hay respuesta. Es, de todas las hipótesis, la única que tiene sentido. Pero no
puedo aceptarlo, no puedo aceptar que se vaya así de esta manera, sin decirme por lo menos la
razón. Tanto Esther como yo siempre nos hemos enorgullecido de afrontar todas las dificulta-
des de la vida en común. Hemos sufrido, pero nunca nos hemos mentido el uno al otro (aun-
que formaba parte de las reglas del juego omitir algunos casos extraconyugales). Sé que ella
empezó a cambiar mucho después de conocer al tal Mikhail, pero ¿justifica eso la ruptura de
un matrimonio de diez años?
Aunque se hubiera acostado con él y se hubiese enamorado, ¿acaso no iba a poner en la ba-
lanza todos nuestros momentos juntos, todo lo que habíamos logrado, antes de partir hacia
una aventura sin vuelta? Era libre para viajar cuando quisiese, vivía rodeada de hombres, sol-
dados que no veían una mujer desde hace mucho tiempo, yo jamás le pregunté nada, ella ja-
más me dijo cosa alguna. Ambos éramos libres y nos enorgullecíamos de ello.
Pero Esther había desaparecido. Había dejado pistas sólo para mí, como si fuese un mensaje
secreto: me marcho.
¿Por qué?
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quieroleer
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