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quieroleer El zahir Paulo Coelho

­Pídele a Mikhail que consiga otro caballo.
Me levanté, la agarré por los hombros y la bendije, de la misma manera que había sido bende-
cido yo.


Nota del autor

Escribí El Zahir mientras hacía mi propia peregrinación por este mundo, entre enero y junio
de 2004. Partes del libro fueron escritas en París, St. Martin (Francia), Madrid, Barcelona,
Ámsterdam (Holanda), en una carretera (Bélgica), Almaty y en la estepa (Kazajstán).
Quiero agradecerles a mis editores franceses, Anne y Alain Carriére, que se hayan encargado
de conseguir toda la información respecto a las leyes francesas citadas a lo largo del libro.
Leí por primera vez la mención al Banco de Favores en La hoguera de las vanidades, de Tom
Wolfe. El libro que Esther leyó, y que cuenta la historia de Fritz y Hans en Tokio, es Ish­
mael, de Daniel Quinn. El místico que cita Marie, al referirse a la importancia de mantenernos
atentos, es Kenan Rifai. La mayoría de los diálogos de la tribu en París me fueron relatados
por jóvenes que forman parte de grupos semejantes. Algunos de ellos colgaron sus textos en
internet, pero es imposible distinguir la autoría.
Los versos que el personaje principal aprendió en su infancia y vuelve a recordar cuando está
en el hospital («Cuando la indeseada de las gentes llegue...») forman parte del poema Con-
soada, del brasileño Manuel Bandeira. Algunos de los comentarios de Marie, después de la
escena en la que el personaje principal va a recibir a la estación de tren al actor, nacieron de
una conversación con Agneta Sjodin, actriz sueca. El concepto de olvidar la historia personal,
aunque forma parte de muchas tradiciones iniciáticas, está bien desarrollado en el libro Viaje
a Ixtlán, de Carlos Castañeda. La Ley de Jante fue desarrollada por el escritor danés Aksel
Sandemose en la novela Un refugiado sobre sus límites.
Dos personas que me honran mucho con su amistad, Dmitry Voskoboynikov y Evgenia Dot-
suk, me facilitaron todos los pasos necesarios para visitar Kazajstán.
En Almaty pude conocer a Imangali Tasmagambetov, autor del libro The Centaurs of the
Great Steppe y gran conocedor de la cultura local, que me dio una serie de datos importantes
sobre la situación política y cultural de Kazajstán, en el pasado y en la actualidad. También le
estoy agradecido al presidente de la república, Nursultan Nazarbaev, por la excelente acogida,
y aprovecho para felicitarlo por no haber dado continuidad a las pruebas nucleares en su país,
aunque tuviese toda la tecnología necesaria para hacerlo, y haber optado por eliminar todo su
arsenal atómico.
Finalmente, les debo mucho de mi mágica experiencia en la estepa a tres personas que me
acompañaron y que tuvieron mucha paciencia: Kaisar Alimkulov, Dos (Dosbol Kasymov), un
pintor de gran talento en el cual me inspiré para el personaje del mismo nombre, que aparece
al final del libro, y Marie Nimirovskaya, al principio sólo mi intérprete y poco tiempo des-
pués, mi amiga.

FIN DE "EL ZAHIR"




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