ellas, junto con otras tres series de prácticas, las que hacen que el hombre sea capaz de conseguir todo, pero
absolutamente todo lo que desea. "Jesús alabó al Padre cuando sus discípulos comenzaron a realizar milagros
y curaciones, y agradeció haber ocultado esto a los sabios y haberlo revelado a los hombres comunes. Al final
de cuentas, si alguien cree en Dios, debe creer también que Dios es justo.
Petrus tenía toda la razón. Sería una injusticia divina permitir que sólo las personas instruidas, con tiempo y
dinero para comprar libros caros, pudieran acceder al verdadero Conocimiento.
-El verdadero camino de la sabiduría puede identificarse por sólo tres cosas -dijo Petrus: primero, debe tener
Ágape, y de eso te hablaré más tarde; segundo, debe tener una aplicación práctica en tu vida, si no la sabiduría
se convierte en algo inútil y se pudre como una espada que nunca se utiliza. Y finalmente, debe ser un camino
que pueda ser andado por cualquier persona. Como el camino que estás haciendo ahora, el Camino de
Santiago.
Caminamos durante el resto de la tarde y sólo cuando el sol comenzó a desaparecer tras las montañas, Petrus
resolvió parar de nuevo. Alrededor nuestro, los picos más altos de los Pirineos aún brillaban con la luz de los
últimos rayos del día.
Petrus pidió que limpiara una superficie pequeña del suelo y que allí me arrodillara.
-La Primera Práctica de RAM es nacer de nuevo. Deberás ejecutarla durante siete días seguidos, intentando
experimentar de diferente manera tu primer contacto con el mundo. Sabes cuán difícil fue dejarlo todo y venir a
recorrer el Camino de Santiago en busca de una espada, pero esta dificultad sólo existió porque estabas preso
en el pasado. Ya fuiste derrotado y temes ser derrotado nuevamente; ya conseguiste algo y temes volver a
perderlo. Mientras tanto prevaleció algo más fuerte que todo eso:
el deseo de encontrar tu espada, y decidiste correr el riesgo.
Respondí que sí, pero que aún continuaba con las mismas preocupaciones a las que se había referido.
-No tiene importancia. Poco a poco, el ejercicio irá liberándote de las cargas que tú mismo creaste en tu vida.
Y Petrus me enseñó la Primera práctica de RAM: El Ejercicio de la Semilla.
-Hazlo ahora por primera vez -dijo. Apoyé la cabeza entre las rodillas, respiré hondo y comencé a relajarme. Mi
cuerpo obedeció con docilidad -tal vez porque habíamos andado mucho durante el día y debía de estar
exhausto. Comencé a escuchar el ruido de la tierra, un ruido sordo, ronco, y poco a poco fui transformándome
en semilla.
No pensaba. Todo era oscuro y estaba adormecido en el fondo de la tierra. De repente algo me movió. Era una
parte de mí, una minúscula parte de mí que quería despertarme, decía que debía salir de allí porque había otra
cosa allá arriba. Pensaba dormir y esta parte insistía. Comenzó por mover mis dedos y mis dedos fueron
moviendo mis brazos -pero no eran dedos ni brazos, sino un pequeño brote que luchaba por vencer la fuerza
de la tierra y caminar con dirección a ese algo de allá arriba. Sentí que el cuerpo comenzó a seguir el
movimiento de los brazos. Cada segundo parecía una eternidad, pero la semilla tenía algo allá encima y
necesitaba nacer, necesitaba saber qué era. Con una inmensa dificultad la cabeza, luego el cuerpo,
comenzaron a levantarse. Todo era demasiado lento y necesitaba luchar contra la fuerza que me empujaba
hacia abajo, con dirección al fondo de la tierra, donde antes estaba tranquilo y durmiendo mi sueño eterno.
Pero fui venciendo, venciendo, y finalmente rompí algo y ya estaba erguido. La fuerza que me empujaba hacia
abajo cesó de pronto. Había perforado la tierra y estaba cercado por ese "algo de allá arriba".
Ese "algo de allá arriba" era el campo. Sentí el calor del sol, el zumbido de los mosquitos, el canto de un río
que corría a lo lejos. Me incorporé despacio, con los ojos cerrados y todo el tiempo pensaba que perdería el
equilibrio y volvería a la tierra, pero mientras continuaba creciendo. Mis brazos fueron abriéndose y mi cuerpo
estirándose. Allí estaba yo, renaciendo, queriendo ser bañado por dentro y por fuera por aquel sol inmenso que
brillaba y me pedía crecer más, estirarme más, para abrazarlo con todas mis ramas. Fui tensando cada vez
más los brazos, los músculos de todo el cuerpo comenzaron a dolerme y sentí que medía mil metros de altura
y que podía abrazar muchas montañas. El cuerpo fue expandiéndose, expandiéndose hasta que el dolor
muscular fue tan intenso que no aguanté más Y di un grito.
Abrí los ojos y Petrus estaba delante de mí, sonriendo y fumándose un cigarro. La luz del día aún no había
desaparecido

El Ejercicio de la Semilla

Arrodíllese en el suelo. Después, siéntese sobre sus talones e incline el cuerpo, de modo que su cabeza toque
las rodillas. Estire los brazos hacia atrás.
Está en una posición fetal. Ahora relájese y olvide todas las tensiones.
Respire tranquila y profundamente.
Poco a p oco irá sintiendo que es una minúscula semilla, circundada por la comodidad de la tierra. Todo es
cálido y placentero a su alrededor. Duerme un sueño tranquilo.
De repente, un dedo se mueve. El brote ya no quiere ser semilla, quiere nacer. Lentamente comienza a mover
los brazos y luego su cuerpo irá irguiéndose, irguiéndose hasta estar sentado sobre sus talones. Ahora
comienza a levantarse, y lentamente, lentamente, se habrá incorporado y estará arrodillado en el suelo.
Durante todo ese tiempo imaginó que e una semilla transformándose en brote y horadando poco a poco la
ra
tierra.

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