Pregunté al Maestre cómo sabía la fecha en que yo llegaría o si ya llevaba allí bastante tiempo. Se rió, dijo que
había llegado la mañana anterior y que partiría al día siguiente, aun cuando yo no llegase.
Pregunté cómo era eso posible y no respondió nada, pero a
la hora de despedimos, cuando él ya estaba dentro del auto rentado que lo llevaría de vuelta a Madrid, me dio
una pequeña encomienda de la Orden de Santiago de la Espada y dijo que ya había recibido una gran
revelación, cuando miré en el fondo de los ojos del cordero.
Sin embargo, si me esforzaba como lo había hecho, tal vez un día conseguiría entender que las personas
llegan siempre a la hora exacta a los lugares donde las están esperando.


FIN

* * *

Este libro fue digitalizado para distribución libre y gratuita a través de la red
Digitalización: Autor desconocido - Revisión y Edición Electrónica de Hernán.
Rosario - Argentina
15 de Agosto 2003 ­ 09:24




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