todos los hombres, y el Poder que crees tener no vale nada, porque no es un Poder que se comparta con el
resto de los hombres! Deberías haber rechazado la espada; si así lo hubieras hecho te habría sido entregada,
porque tu corazón estaba puro. Pero, como lo temía, en el momento sublime resbalaste y caíste, y, por culpa
de tu avidez, deberás caminar nuevamente en busca de tu espada; y por culpa de tu soberbia deberás buscarla
entre los hombres comunes; y por culpa de tu fascinación por los prodigios tendrás que luchar mucho para
conseguir de nuevo aquello que tan generosamente te habría sido entregado.
Fue como si el mundo hubiese desaparecido bajo mis pies. Continué arrodillado, atónito, sin querer pensar en
nada. Una vez devuelta mi antigua espada a la tierra no podía tomarla de nuevo, y una vez que la nueva no me
había sido entregada, estaba de nuevo como quien comienza en ese instante: sin poder e indefenso. El día de
mi suprema Ordenacíón Celeste, la violencia de mi Maestre, al pisar mis dedos, me devolvía al mundo de Odio
y de la Tierra.
El guía apagó la hoguera y mi mujer vino hacia mí y me ayudó a levantarme. Traía en las manos mí nueva
espada, pero, según las reglas de la Tradición, yo jamás podría tocarla sin permiso de mi Maestre. Bajarnos en
silencio entre los matorrales, siguiendo la luz de la linterna del guía, hasta llegar al pequeño camino de tierra
donde estaban estacionados los coches.
Nadie se despidió de mí. Mi mujer colocó la espada en la cajuela del auto y encendió el motor. Permanecimos
largo rato en silencio, mientras ella conducía despacio, esquivando los baches y zanjas del camino.
-No te preocupes, dijo, intentando animarme un poco. Estoy segura de que la conseguirás de nuevo.

1 MAPA DE LA PEREGRINACION



Le pregunté qué le había dicho el Maestre. Me dijo tres cosas. Primero, que él debería haber traído un abrigo,
porque allá arriba hacía más frío del que pensaba. Segundo, que nada de aquello había sido una sorpresa para
él y que ya había sucedido muchas otras veces, con muchas otras personas que llegaron hasta donde llegaste.
Y tercero, que tu espada te estaría esperando a una cierta hora, en una cierta fecha, en algún punto de u n
camino que deberás recorrer. No sé ni la fecha ni la hora, Sólo me dijo dónde debo esconderla para que la
encuentres.
-Y ¿cuál es ese camino? pregunté nervioso. ¡Ah! Eso no me lo explicó muy bien. Sólo dijo que buscaras en el
mapa de España una antigua ruta medieval, conocida como el Extraño Camino de Santiago.

La llegada

El inspector de la aduana miró detenidamente la espada que mi mujer traía y preguntó qué pretendíamos hacer
con eso. Dije que un amigo nuestro iba a valuarla para que la subastáramos. La mentira dio resultado; el
inspector nos entregó una declaración de que habíamos entrado con la espada por el aeropuerto de Barajas, y
advirtió que si teníamos problemas para sacarla del país, bastaba con mostrar ese documento en la aduana.
Nos dirigimos hacia la alquiladora de autos y confirmamos las dos reservaciones. Tomamos los boletos y
fuimos juntos a comer algo en el restaurante del aeropuerto, antes de despedirnos.
Había pasado una noche de insomnio en el avión, por una mezcla de miedo a volar y la incertidumbre de lo que
pasaría de ahora en adelante, pero aun así estaba emocionado y despierto.
No te preocupes, dijo ella por enésima vez. Debes ir a Francia, y en San Juan Pied-de-Port buscas a Madame
Lawrence. Ella te pondrá en contacto con alguien que te guiará por el Camino de Santiago.
¿Y tú? pregunté también por enésima vez, aunque ya sabía la respuesta.
Voy adonde tengo que ir, a dejar lo que me fue confiado. Después me quedo en Madrid unos días y regreso a
Brasil. Soy capaz de ocuparme de nuestros asuntos tan bien como tú.
Lo sé, respondí, queriendo evitar hablar más del asunto. Era enorme mi preocupación por los negocios dejados
en Brasil. Aprendí lo necesario sobre el Camino de Santiago en los quince días posteriores al incidente en
Agulhas Negras, pero me había llevado casi siete meses decidir dejarlo todo y hacer el viaje. Hasta que cierta
mañana mi mujer me dijo que la hora y la fecha se acercaban, y que si no tomaba una decisión tendría que
olvidar para siempre el camino de la Magia y la Orden de RAM. Intenté explicarle que el Maestre me había
asignado una tarea imposible; no podía simplemente sacudirme de los hombros la responsabilidad de mi
trabajo diario. Se rió y dijo que estaba dando una disculpa tonta, pues en aquellos siete meses poco había
hecho, además de pasar noches y días preguntándome si debía o no viajar; y, con el gesto más natural del
mundo, me extendió los dos boletos con la fecha de vuelo ya indicada.
Estamos aquí porque tú lo decidiste, dije en el bar del aeropuerto. No sé si sea correcto dejar la decisión de
buscar mi espada a otra persona.
Mi mujer dijo que si íbamos a hablar tonterías, era mejor ir a nuestros respectivos autos y despedimos de una
vez.
Jamás dejarías que otra persona tomara ninguna decisión sobre tu vida. Tenemos que apurarnos, se está
haciendo tarde.


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