Comencé a sentirme un poco mareado, tal vez fuera la comida, que estaba devorando luego de casi una hora
de caminar en ayunas. Al mismo tiempo, no me abandonaba la sensación de que el muchacho me era familiar.
-Tu demonio personal te tentó de tres maneras clásicas: con una amenaza, con una promesa y con tu lado
débil. Felicidades: resististe valientemente.
Entonces recordé que Petrus le había preguntado al muchacho sobre el relicario. En ese momento pensé que
el niño había intentado engañarme, pero, de cualquier forma, tenía que haber un relicario allí, escondido: un
demonio nunca hace promesas falsas.
-Si el niño no se acordó del relicario fue porque tu demonio personal ya se había ido.
Y añadió sin pestañear: -Es hora de llamarlo de nuevo. Lo vas a necesitar.
Estábamos sentados en el viejo puente en ruinas. Petrus juntó cuidadosamente los restos de comida y guardó
todo dentro de la bolsa de papel que los monjes nos dieron. Frente a nosotros los trabajadores comenzaban a
llegar al campo para su labor, pero estaban tan lejos que no podía oír lo que decían. El terreno estaba
completamente ondulado y las tierras cultivadas formaban misteriosos dibujos en el paisaje. Bajo nuestros pies,
la corriente de agua, casi muerta por la sequía, no hacía mucho ruido.
-Antes de salir al mundo, Cristo fue a conversar con su demonio personal al desierto -dijo Petrus. Aprendió lo
que debía saber sobre el hombre, pero no dejó que el demonio dictara las reglas del juego y así lo venció.
"Cierta vez, un poeta dijo que ningún hombre era una isla. Para librar el Buen Combate necesitamos ayuda.
Necesitamos amigos, y cuando éstos no están cerca debemos transformar la soledad en nuestra arma
principal. T odo lo que nos rodea tiene que ayudamos a dar los pasos necesarios rumbo a nuestro objetivo.
Todo tiene que ser una manifestación personal de nuestra voluntad de vencer en el Buen Combate. Sin esto,
sin advertir que necesitamos de todos y de todo, seremos guerreros arrogantes y nuestra arrogancia nos
derrotará al final, porque vamos a tener tal seguridad en nosotros mismos que no vamos a descubrir las
trampas del campo de batalla.
La historia de guerreros y combates me recordó una vez más a Don Juan de Carlos Castaneda. Me pregunté si
el viejo brujo indio acostumbraba dar lecciones por la mañana, antes de que su discípulo pudiera digerir el
desayuno. Pero Petrus continuó:
-Además de las fuerzas físicas que nos rodean y nos ayudan, existen básicamente dos fuerzas espirituales
junto a nosotros: un ángel y un demonio. El ángel nos protege siempre y esto es un don divino -no es necesario
invocarlo. El rostro de tu ángel está siempre visible cuando ves el mundo con buenos ojos. Es este riachuelo,
los trabajadores en el campo, este cielo azul, aquel viejo puente que nos ayuda a atravesar el agua, y que fue
colocado aquí por manos anónimas de legionarios romanos; también en este puente está el rostro de tu ángel.
Nuestros abuelos lo conocían como ángel guardián, ángel de la guarda, ángel custodio. "El demonio también
es un ángel, pero es una fuerza libre, rebelde. Prefiero llamarlo Mensajero, pues es el principal eslabón entre tú
y el mundo. En la Antigüedad era representado por Mercurio, por Hermes Trimegisto, el 'Mensajero de los
dioses'. Sólo actúa en el plano material. Está presente en el oro de la Iglesia, porque el oro viene de la tierra y
la tierra es su dominio. Está presente en nuestro trabajo y nuestra relación con el dinero. Cuando lo dejamos
suelto, tiende a dispersarse. Cuando lo exorcizamos, perdemos todo lo bueno que tiene para enseñamos, Pues
conoce mucho del mundo y de los hombres. Cuando nos fascinamos ante su poder, nos posee y nos aparta del
Buen Combate.
Por tanto, la única manera de lidiar con nuestro Mensajero es aceptándolo como amigo, oyendo sus consejos,
pidiendo su ayuda cuando sea necesaria, pero nunca dejando que imponga las reglas. Como lo hiciste con el
muchacho. Para ello es necesario, primero, que sepas lo que quiere y, luego, que conozcas su faz y su
nombre.
-¿Cómo voy a saber todo eso -pregunté. Y Petrus me enseñó El Ritual del Mensajero. -Espera la noche para
realizarlo, porque es más fácil. Hoy, en tu primer encuentro, él te revelará su nombre. Este nombre es secreto y
jamás debe conocerlo nadie, ni yo. Quien sepa el nombre de tu Mensajero, puede destruirlo.
Petrus se levantó y comenzamos a caminan En poco tiempo llegamos al campo donde los campesinos
trabajaban la tierra. Nos dijimos "buenos días" y seguimos caminando.
-Si tuviera que utilizar una imagen, diría que el ángel es tu armadura y el Mensajero, tu espada. Una armadura
protege en cualquier circunstancia, pero una espada puede caer en medio de un combate, matar a un amigo o
volverse contra el propio dueño. Una espada sirve para casi todo, menos para sentarse en ella -dijo, soltando
una sonora carcajada.
Nos detuvimos en una aldea para almorzar y el muchacho que nos atendió estaba visiblemente de mal humor.
No respondía a nuestras preguntas, nos sirvió la comida de mal modo y al final derramó un poco de café en las
bermudas de Petrus. Entonces vi cómo mi guía se transformaba: enfurecido, fue a llamar al dueño mientras
despotricaba contra la falta de educación del muchacho. Terminó yendo al baño a ponerse las otras bermudas,
mientras el dueño lavaba la mancha de café y tendía la pieza para que se secara.
Mientras esperábamos que el sol de las dos de la tarde cumpliese su papel en las bermudas de Petrus,
pensaba en todo lo que habíamos platicado por la mañana. Es verdad que la mayoría de lo que Petrus dijo
sobre el niño coincidía. Además, tuve la visión de un desierto y un rostro. Pero esa historia del Mensajero me
parecía muy primitiva, estábamos en pleno siglo XX y conceptos como infierno, pecado y demonio ya no tenían
El Ritual del Mensajero
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