¡Esto es lo que Bilbo Bolsón detesta tanto!
¡Estrellad las botellas y quemad los tapones!


¡Desgarrad el mantel, pisotead la manteca,
y derramad la leche en la despensa!
¡Echad los huesos en la alfombra del cuarto!
¡Salpicad de vino todas las puertas!


¡Vaciad los cacharros en un caldero hirviente;
hacedlos trizas, a barrotazos;
y cuando terminéis, si aún algo queda entero,
echadlo a rodar pasillo abajo!


¡Esto es lo que Bilbo Bolsón detesta tanto!
¡De modo que cuidado! ¡Cuidado con los platos!


Y desde luego no hicieron ninguna de estas cosas terribles, y todo se limpió y se
guardó a la velocidad del rayo, mientras el hobbit daba vueltas y más vueltas en
medio de la cocina intentando ver qué hacían. Al fin regresaron, y encontraron a
Thorin con los pies en el guardafuego fumándose una pipa. Estaba haciendo unos
enormes anillos de humo, y dondequiera que le dijera a uno que fuese, allí iba --
chimenea arriba, o detrás del reloj sobre la repisa, o bajo la mesa, o girando y
girando en el techo--, pero dondequiera que fuesen no eran bastante rápidos para
escapar a Gandalf. ¡Pop! De la pipa de barro de Gandalf subía en seguida un
anillo más pequeño que atravesaba el último anillo de Thorin. Luego el anillo de
Gandalf tomaba un color verde, y bajaba a flotar sobre la cabeza del mago. Tenía
ya toda una nube alrededor, y a la luz indistinta parecía una figura extraña y
fantasmagórica. Bilbo permanecía inmóvil y observaba --le encantaban los anillos
de humo-- y se sonrojó al recordar qué orgulloso había estado de los anillos que
en la mañana anterior lanzara al viento sobre La Colina.
--¡Ahora un poco de música! --dijo Thorin--. ¡Sacad los instrumentos!
Kili y Fíli se apresuraron a buscar las bolsas y trajeron unos pequeños violines;
Dori, Nori y Ori sacaron unas flautas de algún bolsillo de los capotes; Bombur
tamborileó desde el vestíbulo; Bifur y Bofur salieron también, y volvieron con unos
clarinetes que habían dejado entre los bastones. Dwalin y Balin dijeron:
--¡Disculpadme, dejé el mío en el porche! --Y Thorin dijo: --¡Trae el mío también!
--Regresaron con unas violas tan grandes como ellos mismos, y con el arpa de
Thorin envuelta en una tela verde. Era una hermosa arpa dorada, y cuando Thorin


9

9