comer y beber para los rezagados! ¿Qué es eso? ¡Té! ¡No, gracias! Para mí un
poco de vino tinto.
--Y también yo --dijo Thorin.
--Y mermelada de frambuesa y tarta de manzana--dijo Bifur.
--Y pastelillos de carne y queso --dijo Bofur.
--Y pastel de carne de cerdo y también ensalada--dijo Bombur.
--Y más pasteles, y cerveza, y café, si no os importa--gritaron los otros enanos al
otro lado de la puerta.
--Prepara unos pocos huevos. ¡Qué gran amigo!--gritó Gandalf mientras el hobbit
corría a las despensas. ¡Y saca el pollo frío y unos encurtidos!
"¡Parece conocer el interior de mi despensa tanto como yo!" pensó el señor
Bolsón, que se sentía del todo desconcertado y empezaba a preguntarse si la más
lamentable aventura no había ido a caer justo a su propia casa. Cuando terminó
de apilar las botellas y los platos y los cuchillos y los tenedores y los vasos y las
fuentes y las cucharas y demás cosas en grandes bandejas, estaba acalorado,
rojo como la grana y muy fastidiado.
--¡Malditos y condenados enanos! --dijo en voz alta-- ¿Por qué no vienen y me
echan una mano?----Y he aquí que allí estaban Balin y Dwalin en la puerta de la
cocina, y Fíli y Kili tras ellos, y antes de que pudiese decir cuchillo, ya se habían
llevado a toda prisa las bandejas y un par de mesas pequeñas al salón, y allí
colocaron todo otra vez.
Gandalf se puso a la cabecera, con los trece enanos alrededor, y Bilbo se sentó
en un taburete junto al fuego, mordisqueando una galleta (había perdido el apetito)
e intentando aparentar que todo era normal y de ningún modo una aventura. Los
enanos comieron y comieron, charlaron y charlaron, y el tiempo pasó. Por último
echaron atrás las sillas, y Bilbo se puso en movimiento, recogiendo platos y vasos.
--Supongo que os quedaréis todos a cenar --dijo en uno de sus más educados y
reposados tonos.
--¡Claro que sí! --dijo Thorin-- y después también. No nos meteremos en el
asunto hasta más tarde, y antes podemos hacer un poco de música. ¡Ahora a
levantar las mesas!
En seguida los doce enanos --no Thorin, él era demasiado importante, y se quedó
charlando con Gandalf-- se incorporaron de un salto, e hicieron enormes pilas con
todas las cosas. Allá se fueron, sin esperar por las bandejas, llevando en equilibrio
en una mano las columnas de platos, cada una de ellas con una botella encima,
mientras el hobbit corría detrás casi dando chillidos de miedo: --¡Por favor,
cuidado! --y-- ¡Por favor, no se molesten! Yo me las arreglo --. Pero los enanos
no le hicieron caso y se pusieron a cantar:
¡Desportillad los vasos y destrozad los platos!
¡Embotad los cuchillos, doblad los tenedores!
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