buscarles sitio, y preparó los cuartos vacíos, e hizo camas en sillas y sofás antes
de instalarlos e irse a su propia camita muy cansado y nada feliz. Lo que sí decidió
fue no molestarse en madrugar y preparar el maldito desayuno para lodo el
mundo. La vena Tuk empezaba a desaparecer, y ahora ya no estaba tan seguro
de que fuese a hacer algún viaje por la mañana.
Mientras yacía en cama pudo oír a Thorin en la habitación de al lado, la mejor de
todas, todavía tarareando entre dientes:
Más alta de las frías y brumosas montanas,
a mazmorras profundas y cavernas antiguas
a reclamar el oro hace tiempo olvidado,
hemos de ir, antes que el día nazca.
Bilbo se durmió con ese canto en los oídos, y tuvo unos sueños intranquilos.
Despertó mucho después de que naciera el día.
CARNERO ASADO
Bilbo se levantó de un salto, y poniéndose la bata entró en el comedor. Allí no vio
a nadie, pero sí las huellas de un enorme y apresurado desayuno. Había un
horrendo revoltijo en la habitación, y pilas de cacharros sucios en la cocina.
Parecía que no hubiera quedado ninguna olla ni tartera sin usar. La tarea de
fregarlo todo fue tan tristemente real que Bilbo se vio obligado a creer que la
reunión de la noche anterior no había sido parte de una pesadilla, como casi había
esperado. La idea de que habían partido sin él y sin molestarse en despertarlo,
aunque nadie le hubiera dado las gracias, pensó, lo había aliviado de veras. Sin
embargo, no pudo dejar de sentir una cierta decepción. Este sentimiento lo
sorprendió.
--No seas tonto, Bilbo Bolsón --se dijo--, ¡pensando a tu edad en dragones y en
tonterías estrafalarias! --De modo que se puso el delantal, encendió unos fuegos,
calentó agua y fregó. Luego se tomó un pequeño y apetitoso desayuno en la
cocina, antes de arreglar el comedor. El sol ya brillaba entonces, y por la puerta
delantera entraba una cálida brisa de primavera. Bilbo se puso a silbar y a olvidar
lo de la noche. Ya estaba sentándose para zamparse un segundo apetitoso
desayuno en el comedor, junto a la ventana abierta, cuando de pronto entró
Gandalf.
--Mi querido amigo --dijo--, ¿Cuándo vas a partir? ¿Qué hay de aquello de
empezar temprano? Y aquí estás tomando el desayuno, o como quiera que llames
a eso, a las diez y media. Te dejaron un mensaje, pues no podían esperar.
--¿Qué mensaje? --dijo el pobre Bilbo sonrojado.
19
|
|