Una tarde otoñal, algunos años después, Bilbo estaba sentado en el estudio
escribiendo sus memorias --pensaba llamarlas Historia de una ida y de una
vuelta. Las vacaciones de un hobbit-- cuando sonó la campanilla. Allí en la puerta
estaban Gandalf y un enano, y el enano no era otro que Balin.
--¡Entrad! ¡Entrad! --dijo Bilbo, y pronto estuvieron sentados en sillas junto al
fuego. Y --si Balin advirtió que el chaleco del señor Bolsón era más ancho (y tenía
botones de oro autentico), Bilbo advirtió también que la barba de Balin era varias
pulgadas más larga, y que el llevaba un magnífico cinturón enjoyado.
Se pusieron a hablar de los tiempos que habían pasado juntos, desde luego, y
Bilbo preguntó cómo iban las cosas por las tierras de la Montana. Parecía que
iban muy bien. Bardo había reconstruido la ciudad de Valle, y muchos hombres se
le habían unido, hombres del Lago, y del Sur y el Oeste, y cultivaban el valle que
era próspero otra vez, y en la desolación de Smaug había pájaros y flores en
primavera, y fruta v festejos en otoño. Y la Ciudad del Lago había sido fundada de
nuevo, y era más opulenta que nunca, y muchas riquezas subían y bajaban por el
Río Rápido; v había amistad en aquellas regiones entre elfos y enanos y hombres.
El viejo gobernador había tenido un mal fin. Bardo le había dado mucho oro para
que ayudara a la gente del Lago, pero era un hombre propenso a contagiarse de
ciertas enfermedades, y había sido atacado por el mal del dragón, y apoderándose
de la mayor parte del ero, había huido con él, y murió de hambre en el Yermo,
abandonado por sus compañeros.
--El nuevo gobernador es más --sabio --dijo Balin--, y muy popular, pues a él se
atribuye mucha de la prosperidad presente. Las nuevas canciones dicen que en
estos días los ríos corren con oro.
--¡Entonces las profecías de las viejas canciones se han cumplido de alguna
manera! --dijo Bilbo.
--¡Claro! --dijo Gandalf--. ¿Y por qué no tendrían que cumplirse? ¿No dejarás de
creer en las profecías sólo porque ayudaste a que se cumplieran? No supondrás.
¿verdad?, que todas tus aventuras y escapadas fueron producto de la mera
suerte, para tu beneficio exclusivo. Te considero una gran persona, señor Bolsón,
y te aprecio mucho; pero en última instancia ¡eres sólo un simple individuo en un
mundo enorme!
--¡Gracias al cielo! --dijo Bilbo riendo, y le pasó el pote de tabaco--
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