--Bien, tu padre me dio esto para que te lo diera; y si elegí el momento y el modo
de entregarlo, no puedes culparme, teniendo en cuenta las dificultades que tuve
para dar contigo. Tu padre no recordaba ni su propio nombre cuando me pasó el
papel, y nunca me dijo el tuyo; de modo que en última instancia tendrías que
alabarme y agradecérmelo. Toma, aquí está --dijo entregando el mapa a Thorin.
--No lo entiendo --dijo Thorin, y Bilbo sintió que le gustaría decir lo mismo. La
explicación no parecía explicar nada.
--Tu abuelo --dijo el mago pausada y seriamente-- le dio el mapa a su hijo para
mayor seguridad antes de marcharse a las minas de Moria. Cuando mataron a tu
abuelo, tu padre salió a probar fortuna con el mapa; y tuvo muchas desagradables
aventuras, pero nunca se acercó a la Montana. Cómo llegó allí, no lo sé, pero lo
encontré prisionero en las mazmorras del Nigromante.
--¿Qué demonios estabas haciendo allí? --preguntó Thorin con un escalofrío, y
todos los enanos se estremecieron.
--No te importa. Estaba averiguando cosas, como siempre; y resultó ser un
asunto sórdido y peligroso. Hasta yo, Gandalf, apenas conseguí escapar. Intenté
salvar a tu padre, pero o era demasiado tarde. Había perdido el juicio e iba de un
lado para otro, y había olvidado casi todo excepto el mapa y la llave.
--Hace tiempo que dimos su merecido a los trasgos de Moria --dijo Thorin--.
Ahora tendremos que ocuparnos del Nigromante.
--¡No seas absurdo! El Nigromante es un enemigo a quien no alcanzan los
poderes de todos los enanos juntos, si desde las cuatro esquinas del mundo se
reuniesen otra vez. Lo único que deseaba tu padre era que tú leyeras el mapa y
usaras la llave. ¡El dragón y la Montaña son empresas más que grandes para ti!
--¡Oíd, oíd! --dijo Bilbo, y sin querer habló en voz alta.
--¡Oíd, oíd! --dijeron todos mirándolo, y Bilbo se puso tan nervioso que respondió:
--¡Oíd lo que he de decir!
--¿Qué es? --preguntaron.
--Bien, os diré que tendríais que ir hacía el Este y echar allí un vistazo. Al fin y al
cabo allí está la Puerta lateral, y los dragones han de dormir alguna vez, supongo.
Si os sentáis a la entrada durante un tiempo, creo que algo se os ocurrirá. Y bien,
¿no os parece que hemos charlado bastante para una noche, eh? ¿Qué opináis
de irse a la cama, para empezar mañana temprano y todo eso? Os daré un buen
desayuno antes de que os vayáis.
--Antes de que nos vayamos, supongo que querrás decir --dijo Thorin--. ¿No
eres tú el saqueador? ¿Y tu oficio no es esperar a la entrada, y aun cruzar la
puerta? Pero estoy de acuerdo en lo de la cama y el desayuno-- Me gusta tomar
seis huevos con jamón cuando empiezo un viaje: fritos, no escalfados, y cuida de
no romperlos,
Luego de que los otros hubieran pedido sus desayunos sin ningún por favor (lo
que molestó sobremanera a Bilbo), todos se levantaron. El hobbit tuvo que
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