Smaug. Un día echó a volar y llegó al Sur. Lo primero que oímos fue un ruido
como de un huracán que venía del norte, y los pinos en la Montaña crujían y
rechinaban con el viento. Algunos de los enanos que en ese momento estábamos
fuera (yo era por fortuna uno de ellos, un muchacho apuesto y aventurero en
aquellos días, siempre vagando por los alrededores, y eso me salvó entonces),
bien, vimos desde bastante lejos al dragón que se posaba en nuestra montaña en
un remolino de fuego. Luego bajó por las laderas, y los bosques empezaron a
arder. Ya para entonces todas las campanas repicaban en Valle y los guerreros se
armaban. Los enanos salieron corriendo por la puerta grande; pero allí estaba el
dragón esperándolos. Nadie escapó por ese lado. El río se transformó en vapor y
una niebla cayó sobre ellos y acabó con la mayoría de los guerreros: la triste
historia de siempre, sólo que en aquellos días era demasiado común. Luego
retrocedió, arrastrándose a través de la Puerta Principal, y destrozó todos los
salones, aceras, túneles, callejuelas, bodegas, mansiones y pasadizos. Después
de eso no quedó enano vivo dentro, y el dragón se apoderó de todas las riquezas.
Quizá, pues es costumbre entre los dragones, haya apilado todo en un gran
montón muy adentro y duerma sobre el tesoro utilizándolo como cama. Más tarde
empezó a salir de vez en cuando arrastrándose por la puerta grande y llegaba a
Valle de noche, y se llevaba gente, especialmente doncellas, para comerlas en la
cueva, hasta que Valle quedó arruinada y toda la gente murió o huyó. Lo que pasa
allí ahora no lo sé con certeza, pero no creo que nadie viva hoy entre la Montaña y
la orilla opuesta del Lago Largo.
Los pocos de nosotros que estábamos fuera, y así nos salvamos, llorábamos a
escondidas y maldecíamos a Smaug, y allí nos encontramos inesperadamente con
mi padre y mi abuelo, que tenían las barbas chamuscadas. Parecían muy
preocupados, pero hablaban muy poco. Cuando les pregunté cómo habían huido
me dijeron que callase, que algún día a su debido tiempo ya me enteraría. Luego
escapamos, y tuvimos que ganarnos la vida lo mejor que pudimos en todas
aquellas tierras, y muy a menudo llegamos a trabajar en herrerías o aun en minas
de carbón. Pero nunca olvidamos el tesoro robado. E incluso ahora, en que he de
admitir que hemos acumulado alguna riqueza y no estamos tan mal --en este
momento Thorin acarició la cadena de oro que le colgaba del cuello-- todavía
pretendemos recuperarlo y hacer que nuestras maldiciones caigan sobre Smaug...
si podemos.
Con frecuencia me pregunté sobre la fuga de mi padre y mi abuelo. Pienso ahora
que tenia que haber una puerta lateral secreta que sólo ellos conocían. Pero por lo
visto hicieron un mapa, y me gustaría saber cómo Gandalf se apoderó de él, y por
qué no llegó a mí, el legítimo heredero.
--Yo no me apoderé de él, me lo dieron --dijo el mago--. Quizá recuerdes que tu
abuelo Thror fue asesinado en las minas de Moria por Azog el Trasgo,
--Maldito sea su nombre, sí --dijo Thorin.
--Y Thrain, tu padre, se marchó un veintiuno dé abril, se cumplieron cien años el
jueves pasado; y desde entonces nunca se lo ha vuelto a ver...
--Cierto, cierto --dijo Thorin.
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